10 jun. 2014

Sustituciones

Sustituciones necesarias

La sustitución de la cúpula gestora de un país es una acción que intrínsecamente conlleva (mejor en presente que en futuro) pasos muy importantes para ser realizada, supuesto claro está el caso de que se dé en una democracia: y en ésta la cúpula la forman políticos y altos funcionarios, y la estructura que los sustenta. Cualquiera no está preparado para cualquier trabajo.


Es ley de vida que todos los sistemas envejezcan, sean éstos físicos o lógicos, bien estén constituidos por bienes materiales, bien por personas. Y los que engloban las estructuras de gestión de un país (los poderes legislativo, ejecutivo y judicial), añadiéndoles realistamente el “cuarto poder” de la prensa y el “primer poder” de las grandes empresas, no lo son menos: en España, los actuales pasaron su tiempo de fortuna y se encuentran visiblemente fuera de su tiempo: necesitan ser sustituídos, como necesitan ser sustituídos los cuatro amortiguadores originales de un vehículo de 30 años que nunca fueron reemplazados.

Y ésta es la cuestión: no es necesario llevarse las manos a la cabeza, ni escandalizarse por ello. Se necesita por contra aceptar la realidad del paso del tiempo (lo que sirvió y valió ya no sirve ni vale); se requiere reflexionar sobre ello (aceptar la verdadera causa cuando los efectos son ya sobradamente conocidos, y asumirla como tal); adquirir una actitud activa ante ello (ponerse manos a la obra, realizar la sustitución); y seguir de cerca los progresos y resultados (no ser perezosos, estar atentamente vigilando el buen funcionamiento de los nuevos amortiguadores que dirigen, o más bien gestionan un país). Pero hacerlo es ineludible, es preciso hacerlo.

Esto es aún más urgente en el caso en el que los gestores mantienen sine die una dialéctica pobre e infantil, que se convierte en descarada, de bajo nivel, escasa de verdaderas razones, y, por encima de otras características, vacía de contenido real. Sería propio de tiempos pasados y países sin verdadero guión, pero no es permisible ni ahora, ni aquí en España.

Lo que le queda al ciudadano es hacer lo que no ha hecho hasta hoy, bien porque nunca lo supo, o porque no fuese necesario anteriormente: ponerse al día, aprender, acostumbrarse, estar informado y actualizado, dedicar tiempo a ello, aprender a dialogar y mejorar su conocimiento, porque ésto claramente ha fallado.

Necesita dejar de quejarse, y no dejar de ponerse al día.
Necesita ser menos complaciente y más serio; menos exigente y más comprobador y vigilante.

Las ondas que provoca en la piscina un partido nuevo, no son más que unas pocas ondas: más deberán echarse a la piscina, y más ondas, pero no para jugar, sino para entrenar y nadar.

¿Es posible que exista un sólo elemento de la sociedad que no rezume fallos severos? ¿Legislación quizás? ¿Un guión energético? ¿Un guión agrícola y forestal? ¿Una verdadera dirección educativa? ¿Una gestión a futuro del agua? Sucesivamente y en cada tema propuesto, todos ellos “sangran”.

Los primeros que deben administrar su casa son los de a pie, los de calle, y si no saben hacerlo, aprender a hacerlo: y ponerse a ello con rapidez, dejando de ir de vez en cuando al fútbol, y cuidando más esa huerta que es tu propio país. Si no es así, ese porcentaje de personas que componen el Estado que sí son verdaderamente valiosas, capaces, experimentadas y trabajadoras (que las hay, claro que están ahí), desaparecerán y se diluirán, día, a día y poco a poco, por puro sentido común.

Y el coste del cambio, que existe, será rentable y económico: una buena inversión.