7 dic. 2013

Lo loco

En cualquiera de estos momentos,
una abuela olvida nerviosa las palabras,
o una sonrisa se refugia en una mueca insegura.
Al pasar, algunos perros ladran,
a las mañanas, frías, los comercios abren con ruido en el silencio.
Siempre alguien parece estar amando a alguien,
y siempre alguien se equivoca, y alguien atina.
Hay mirlos en las arboledas, y muchas luces,
y parejas ancianas, libres, paseando.
Y algunos días la lluvia reverdece las plantas.
En la tierra, invisibles, lombrices y topos siguen trabajando.
Todos los atardeceres brilla la mar al Sol: o grisea el cielo en el agua:
y los que menos entienden, sonríen con cariño;
y tu gato duerme;
y en silencio, lejos alguien amamanta a su hijo,
y una mano estira el arco en su violín joven, todavía afinando.
Una chica ahorra y espera su viaje;
mientras en la montaña, el bosque se desnuda,
alguien tiene la piel erizada por una larga caricia;
una mujer rebusca en un manual, e investiga.
En la noche, el chófer sueña con el futuro, mirando el cuentakilómetros;
por el día alguien discute;
a la tarde hay paz, o hay tormenta.

Bruta, sin masticar, algo así surge y es la vida, desordenada y viva:
mientras una ciudad repite sus eternas noches,
una carretera es transitada por miles de fugitivos.
Los millones de caras de la vida se expanden,
y se multiplican. Todos los días ocurre.

Mientras un tigre esconde sus rayas en la montaña fría,
tú vacilas, tú te aseguras.
Es innegable que la vida bulle.
No tiene sentido ni orden, ni fachada impecable,
estos clavos no encuentran sitio en este bullicio inclasificable.

En algún momento las manos se tocan:
un duende es imaginado,
y alguien se atreve y le pone nombre.
Alguien reposa, cansado y agotado.
Una mujer retoca su falda y también su escote,
o se oye ruido en una azotea;
alguien tropieza y ríe.
El río cae sin compañía, fresco y relajado.

¡Vaya sonido, entrelazado e inacabable, el río!
Vuelve a empezar otra fiesta en un pueblo.
Alguien olvida.
Alguien elige la verdura y paga; alguien sale y entra.
O alguien tiene miedo de la noche.
Alguien abre los ojos; alguien no ve nada de nada.
Alguien siente tanto... y alguien no siente nada.
Alguno repara en que la vida ¡se va!
Alguno retiene y ríe el momento que viene.
Alguna vez se aprecia la frase, y hay un abrazo.
Alguna ocasión, algo cala. Y la raíz se infecta.
Y cuando cala, la vida vuelve encantada,
y bulle no algo, sino todo lo que tiene.

El loco orden de la vida, el loco gusto que tiene,
el sabor a incienso y humedad, a humor y frío,
a sabor, a sabor sin sustantivo, a riesgo apasionado,
a loco cariño, a terca preocupación, a radical querer,
no sale en las fotografías, paradas, brillantes e inanimadas.
El loco orden de la vida está en la sangre limpia,
en saber qué va contigo, y lo que se puede quemar,
aunque no haya un incendio.
El loco orden de la vida es lo que tienes.

No lo apartes, no lo tires.


 

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