16 mar. 2011



Saludos, después de tanto tiempo.

Estoy poco sorprendido por algunos artículos informativos, periodísticos y pseudocientíficos que aparecen al hilo del terremoto. Me esperaba lo leído, dado el carácter de las consecuencias que aparecen después.

Cuando el terremoto sacudió el fondo del océano, nada se vislumbraba de lo que podía suceder "además", es decir, de "otra" catástrofe, esta en absoluto natural. Solo se vertieron en los medios imágenes y resúmenes de lo que ocurría. Con posterioridad, existían algunas dudas sobre lo que podía estar sucediendo en un reactor. Y a partir de ese momento, me acordé del mismo proceso informativo, cuando se desarrolló en otras situaciones también catastróficas: Ruanda, o Haití.

Cuando "no se quiere, no se hace", y este es el caso: algunos hechos en la vida pueden tener tales consecuencias si son conocidos de golpe y plenamente, que no salen a la luz. Por eso, las voces que podrían hablar, informar, explicar, detallar, que las hay, nunca son consultadas, ni siquiera son nombradas. Y las hay, sobradamante representadas en todos los sectores: en el periodismo, en la ingeniería, en la salud… pero viven en el anonimato. No forman parte del status oficial informativo experto.

Algún periodista y algún catedrático, supuestamente expertos (entre otros ejemplos), se han pillado los pies, avanzando seguridad donde ya no la había: desde el primer día, TEPCO (la compañía responsable de la explotación de una central situada en la costa a pocos kilómetros del epicentro sísmico, informaba por obligación, en informes escuetos, sistemáticos, públicos, conforme se acordó que se debía hacer en estas circunstancias (muy poco es suficiente para empezar a saber: link). Si no se lee el inglés, se puede traducir, y ya desde el primer día se podía saber lo que se conocía in situ (a los mismos pies de la central) y corroboraba la propia empresa. Con esos simplísimos informes, pequeños, pero objetivos y reales, ya se podía inferir o deducir el camino de los acontecimientos. Pero no es ni será ese nunca el caso: de igual modo no lo fue ni lo es en el caso de Ruanda o Haití.

Tiene que pasar tiempo para dorar la píldora amarga: en días, podrá facilmente decirse que amplias extensiones de terreno quedan inútiles e inservibles para cien o más años; que millonarias poblaciones deberán buscar otro sitio para vivir; cuando ya se haya calculado como conducir la reacción pública. Las consecuencias, pueden ser un cambio en la forma de mirar hacia arriba, hacia las decisiones. De ahí que tanta prudencia se vea en gobiernos y empresas.

Hará años que se realizan estudios sobre la evolución de catástrofes, en vertidos en aguas y en atmósfera: no nos engañemos, todo esto ya está inventado. Y se conocen ya diferentes situaciones posibles, y sus consecuencias asociadas. Por ejemplo, la cantidad de miles de kilómetros que no volverán a habitarse. Y los que no volverán a cultivarse.Y los que… lo que se quiera ver. En algunas oficinas de agencias estadounidenses (USGS, por ejemplo) estarán estos días trabajando como locos en estos menesteres, por la cuenta que les trae.

No hace falta hablar de Japón, ni de catástrofes nucleares: con hablar de los más pobres, ya estamos en igual situación. La catástrofe natural provoca todo lo peor, pero esto (la insinceridad, el autoengaño) no tiene forma de ser olvidado.

No acabará aquí la historia. Algunos venderán más petróleo aprovechando la situación. El que no pare un minuto a pensar en ello, no conoce la casa en la que vive.

La diferencia entre las tres banderas,  puede ser que la del círculo rojo nos toca y nos incomoda, y las otras, están lejos, "pero muy lejos",  y no molestan.

2 comentarios:

Luis Lópec dijo...

Has aparecido por fin. Ese volcán debe ser muy profundo :-)
Saludos.

fer dijo...

Hola Luis. Saludos, amigo. Me costará reaparecer pero procuraré hacerlo agradablemente.

Me alegro de leerte. Aún así, me cuesta "entrar" a internet. Intentaremos hacerlo con mínima frecuencia.