6 ago. 2010

preferimos



Parecen olas
parecieran fibras entrelazadas, que anudan cosas y sitios, 
personas y días,
que ondulan en el tiempo
subiendo y bajando
creciendo y desinflándose
brillando y apagándose.

Como el frío duerme y apaga los pastos
o como la luz cambia la faz de un paisaje
el tiempo rueda sobre todo.
Trae y lleva.
Lo mismo, o lo diferente.
Novedad y conocidos.
Escuchar sin dar palabra alguna,
escuchar bien,
atentamente y con ganas,
abre poros.

Obliga a mantener los sonidos:
el sonido que hace en nuestras mentes cuanto sabemos que ocurre,
y que existe;
muestra el difícil equilibrio que supone mantenerlas
todas al tiempo sin perder las conexiones,
entre unas y otras,
entrelazadas,
anudadas,
como están por sí mismas,
como vienen a la vida.

Sin intervención voluntaria, sin provocarlo
escuchar te lleva a la escuela,
al pupitre,
y te sientas o no te sientas,
quieres o no quieres, escuchar, aprender
pensar.
Quizás admitir.

Le tenemos miedo, le guardamos pánico
volvemos la cara a nuestro gran aparato para escuchar,
la fiebre y el escalofrío nos recorre si éste habla.

Preferimos una orden, preferimos la pauta, el concierto
lo preferimos a dirigir nuestras pisadas,
lo preferimos a equivocarnos, a decidir, a vernos forzados, a tener que arrodillarnos.

Y todo ello por proteger una inmensa cadena de vicios,
todos dulcemente excusados,
todos hábilmente necesarios.

Rápida y nerviosamente nos hacemos con un libro de recetas
para adquirir un buen caminar en la vida,
un justo hablar,
y no tener que escuchar.

¡Qué tonto queda el zorro a nuestro lado!


4 comentarios:

Hipatia dijo...

Siempre he dicho que las soluciones a los problemas, desde que el hombre es hombre, cuando se "institucionalizan" (este palabro es una forma de definir algo que ya me aburre describir) se convierten en recetas para caminar por la vida; hasta a aquellas que nos hacen "buenos" se les agota la luz a la mitad del camino.
Si el agua piensa, quiero estar con ella; si respira, tenderme a su lado; y si canta, entrar en ella.
Me encanta tu casa Gugú. Gracias.
Un beso desde la nave.

fer dijo...

locos en un desierto de "vivos"...

¿te suena?

Saludos, Hipatía.

Cristina Sebastián dijo...

Tus palabras me hablan de nuestros miedos...El temor humano, a lo que nos rodea, a nosotros mismos; miedo a ser, a decidir, a fallar... que destruye el sueño de la existencia.
Que maravillosa sería la vida si prevaleciera la pureza del niño, que se nos escapa en un tris, que mezquinos llegamos a ser por ser esclavos de nuestros miedos.
Encantada de volver a leerte, y un abrazo, Fer!
Cris

fer dijo...

Igual te digo, Cristina. Ahora vuelvo a leer algo de los que estáis a distancia.

Saludos. Celebro mucho muchas de tus palabras. Más la actitud.

Un saludo.