5 nov. 2009


Se acaba una etapa verdaderamente preciosa de mi vida. La vida en un pueblo, Ilarregui, que por fortuna, ha marcado (lo sé) a más personas, que no solamente a mí. De hecho enamoró a mis vecinos, Aitzi y Manué (hoy la pequeña Maite de mes y medio, olía, que no veía, el cielo de Ilarregui), y a aquellos que le cogieron el testigo a la generación de la siega y del ordeño (sta. Velate), del amanecer y anochecer sin separación alguna. A otros enamoró, y por fortuna les permitió reír con cosas que de verdad llenan la vida por sí solas. Y me alegro muy mucho de ello. Eso es un ingrediente de la educación, a cualquier edad. Llegar a este sitio supuso un golpe de timón que decidí, sabiendo que era un cambio de rumbo a largo plazo, con una gran parte del recorrido a desarrollar en silencio, como en la mejores escenas de film de guerra: secreto de sumario. Para mí, supone abandonar olores que la memoria entiende, luces, arboledas y regatillos, y seres de todos los tamaños. Quienes viven en él no se dan cuenta de que los sitios los hacen las piedras, las plantas, los animales, y al final de la frase las personas que comparten el sitio con los anteriores. Cada cual deja un olor, un rastro, una huella en la tierra y en el aire, y es inconfundible y característico. No se olvida, y te abre a otros sitios. Algo me llevo: ver a quien hace en silencio, hablando poco.

¿Porqué esto? Los años pasan, y a lo largo de ellos, ocurre toda la suerte de encuentros con personas que marcan claro y rotundo su insulto al vivir dormido. Unos dicen “aprende y crece”; otros dicen “siente hasta que duela”; otros dicen “acepta que la vida es problemática, y la vivirás”. Y tuve que decir “por supuesto, así es”. Ahora, sé bien que uno aprende muy poco, que no se siente todo cuanto existe, y que no lo podemos todo. Pero la terquedad es una forma de alargar y estirar hacia el futuro un deseo, o una actitud, o un viaje hacia un propósito: así se aprende un poco más, se siente un poco más, y salvas algunos problemas más.

“Oigo” a mi alrededor, el sonido apagado y enfadado de una sociedad en la cual hubo y hay sueños irreales, algodón, derroche y ceguera hacia lo más elemental. Y sordera. Y falta de tacto. ¿No?, tiene tacto selectivo, solo existe ella misma. Necesitaba decirlo, más aún cuando escasea el decirlo. Ni los golpes impiden que desaparezca la ceguera: sigue siendo cómodo “no ver, no rectificar”.

Más lejos, otras sociedades no tuvieron ni tienen este problema: problemas reales ocupan todo el tiempo, problemas sin algodón, que se pueden ver llegar en cuestión de minutos, y no de horas. El vaso medio lleno y medio vacío es propio de nuestra percepción. Francamente contento me alejo incluso dirigiéndome hacia más problemas (que es así) de una arbitrada perfección feliz, que impera en el comportamiento: se aprende, se copia del vecino, se asimila, se incorpora como cultura común, y.. ya está, ya no son necesarias nunca más opiniones de nadie externo. Esto es toda una comunidad. La comunidad perfecta. Vamos, que abandono el valle de los dioses. ¡Adiós Walkiria, adiós! (Clarín podía decir en cambio ¡adiós cordera, adiós!).

Tenía terroríficas ganas de acercarme hacia donde hay iguales necesidades y problemas o mayores, pero más amabilidad, más humildad, más sencillez, más de eso que en conjunto es humanidad.

Voy a divagar un poco. Me apetece. Enormemente.

La inteligencia puede ser útil para ganar dinero, o para reflexionar sobre lo que se vive: he soportado ver a demasiada gente perfecta “sacar balones fuera” y dar asuntos por irresolubles; demasiados perfectos que recomiendan que olvides; demasiada institución perfecta que enseña a estar calmado y tranquilo, a disfrutar de no moverse en ninguna dirección. Valiente hermandad, valiente consigna utilizan: del Rey solo duda la Reina, y vosotros vasallos, seguid arando sus tierras.

Trabajo no falta, pero no del que otorga tiempo para derrocharlo. Existe trabajo muy bien recompensado, el trabajo real y directo, encaminado a necesidades reales, concretas, palpables, y clarísimo está, realizables. Es necesario prepararse mucho. Me tiene confundida la enseñanza: si no transmitimos con claridad, ¿que hemos aprendido? me confunde la industria y la empresa: ¿tantas cosas necesitamos para vivir? ¿Tántas? Complicado “estómago” el nuestro. Me fascina nuestra prensa, nuestra televisión: ¿tan repetitivas son las memeces? ¿Siempre el mismo balón, la misma moda? Ante semejante huracán de bobadas, ¿quién se fijaría en lo que yace a nuestro alrededor sin llamar la atención? Por esto, y por más de un millar de razones más, acumuladas en silencio, vienen etapas nuevas. Vienen trabajos a corto plazo, y otros que requieren más paciencia, más terquedad. La vida diaria, nuestra vida diaria, nuestra forma de vivir, nuestra forma de ver, nuestra forma de oír, sangra por todos lo lados. No me haré el tonto, y reconoceré que sé muy bien qué pensamiento pueden provocar estas palabras: pero ya estoy curtidito en ello y, hoy por hoy, las suelto con desparpajo, sabiendo el precio que tiene el decirlas consecuentemente. Necesitan reflejarse en la acción. Es cómodo hacerlo.

Paréceme que es idea general y tópico común, que siempre habrá alguien “más arriba”, por encima, que hará lo que hay que hacer, que solucionará, que mandará, que dirá. Valiente estupidez paréceme también a estas alturas esta idea, y paréceme similar a una quiniela ganadora, con pleno y resultado cantado: más de las mismas locuras, estupideces y errores de alto precio, más de autoengaño, más de cómoda y complaciente ignorancia. Es por otro lado una demostración de la poca estima y seguridad que se posee o conserva, y que parece necesaria para que se conduzca en alguna dirección cualquier sociedad.

Algún truco, alguna carta guardada, algo debía tener para hablar así. Y es que, por más que pareciera lo contrario, ya hay gente en el mismo camino, en la misma proa, y los viajes, incluso en solitario, son más agradables sabiendo que otros ya han leído la misma “carta de navegación”. Desconozco si cerraré estas páginas para cambiarlas por otras, que posean otro tono o timbre, o las continuaré con otro color. Ya se verá.

De momento, buenas noches a todos, por unos días.

Aún siendo un ateo, comprendo como sienten la Navidad mis vecinos, lo he visto. Así que solo para ellos por adelantado, un beso público.

13 comentarios:

leo dijo...

Bendita terquedad.
Se te echa de menos.
:-)

Luis Lópec dijo...

Difícil poder digerir, desde la distancia, tantas emociones y realidades como cuentas. Tendría que conocerte más para poder entenderte. No obstante, desearte lo mejor: paz contigo mismo, buenas compañias y libertad para seguir los caminos que te vas marcando (y siempre salud). Aquí estaré para lo que desees. Un saludo, viajero.

sallopilig ref dijo...

El guadiana reaparece cuando no se le solicita, Leo.

Hay una ensalada con pocos condimentos pero bien equilibrada, nada más que trabajo, con gente, con niños y adultos, y un pelín más allá aún habrá otra ensalada un poco más tropical. No me quejo, Luis. Te saludaré desde el Sur.

La Rata Paleolítica dijo...

Vamos, que es un momento tan bueno como cualquier otro para intentar un cambio de aires. Pues estupendo Fer. Que vaya bonito, procura no estresarte demasiado con el tema del traslado, y como dicen los Taoístas, felicidad, longevidad, salud y paz.
Las cebras por aquí andan, ramoneando tranquilamente ;o)
Suerte. Toda.

Jesús.

ana de la robla dijo...

Siempre la serenidad en tu casa. Como un pañuelo silencioso entre las manos. Un beso, querido.

isobel dijo...

todos los días se acaban etapas y se construyen nuevas, los lugares los construyen las personas y lo que compartieron, besos

Antonia Martínez dijo...

Me parece que irremediablemente lo echarás de menos. Pero soy de las que necesitan cambios casi de manera continua, por eso, me alegro mucho por ti. Mucha suerte en las nuevas tierras, siémbralas y espera paciente la cosecha. Seguro que hay frutos antes de la primavera.

Hipatia dijo...

Todo cambio implica adaptación, la mejor forma de seguir "estirando" nuestras posibilidades.
Te espero como agua de mayo.
Un abrazo estelar Shallop.

PEGASA dijo...

Pues amigo, viendo está imagen me recuerda enormemente a la navidad, poniendo unas luces de colores y unas girnaldas.
Pero yo soy del sur, a donde vienes a parar tus pasos. Y las temperatura de hoy nada tiene que ver con la imagenes que nos has mostrado.
Espero que te guste mi tierra que seguro te acogerá con los brazos abiertos.

sallopilig ref dijo...

Siento no haber podido responder, pero un período en blanco de cambios, pues obliga, ¡y no sienta nada mal!

Nos vemos... Saludos varios.

Cristina Sebastián dijo...

En la vida unos decimos adiós mas que otros. Me parece que tu eres de los míos: nómada de nacimiento, aunque luego uno no pueda vagar todo lo que desea. Los nómadas nacemos con el alma libre, hasta que alguien o algo nos echa el lazo, y poco a poco nos van haciendo más nudos, hasta que nos hacen echar raíces porque no nos queda más cadena que estirar.
El cambiar de lugar de residencia a menudo, enriquece el espíritu y estimula la mente, y nos abre las puertas de otras culturas y formas de vida.
Mi espíritu se rebela de vez en cuando, por no poder seguir siendo gitano, pero le voy dando pedacitos de libertad de cuando en cuando, para que no se me cabree mucho.
Aún así le sigo pillando a menudo con la nostalgia puesta, suspirando por tierras lejanas y aires nuevos.
Se que es difícil dejarte un trocito de corazón en algún lugar, pero la excitación de lo que te puede deparar el destino en el nuevo hogar, compensa y ayuda a volverse a sentir uno vivo.
Te deseo una estupenda nueva vida en el Sur, que allí la gente es muy cálida, y seguro que te inspiran mucho.

Un gran abrazo.
Cris

Fer dijo...

Leído, y bien leído, Cristina.

Te responderé, pero en otro canal o situación.

Cuanto agradezco el mensaje. Gracias. Y cuídate, a ver si dos patas con uñas al final del borde de un sofá, silenciosas, te vigilan de nuevo.

Fer. un abrazo a lazo.

Cristina Sebastián dijo...

Estoy convencida de que así es, Fer. Esas patitas con uñas siguen conmigo, y me acompañan silenciosamente allá donde voy.

Cuídate tu también, y hasta pronto!
Cris