6 sept. 2009

no sweatshop: el precio del bienestar. 2x2 = 0,01


Diana López de Pojoy posee una historia personal más entre cientos de miles, pero única: la suya. Con su permiso y su complacencia, cuento un ínfimo detalle de la misma.

La pobreza económica en Guatemala le empujó a intentar trabajar en EE.UU. No lo consiguió y tras un mes de cárcel, fue repatriada. Lo intentó en España: España supuso para ella la posibilidad de trabajar por "cuatro euros" durante los tres primeros años, (con mayor exactitud, sueldos mensuales de 150, y 250 € mensuales, en jornadas de 12 horas por todos los días, todo ello ante su ignorancia de la situación, y la "malicia" de algunos inmigrantes y empresarios) dado que el aparato protector del bienestar social compuesto por Estado y Sindicatos, no "alcanza" a vigilar suficientemente.

El último año logró trabajar por fin como "mileurista", envió los anhelados ahorros, volvió unos meses a su tierra para reencontrarse con sus tres hijos tras cinco años sin verles, y decidió regresar de forma definitiva con ellos. Tiene dos esperanzas: el apoyo de su ex-marido (quien parece desear ayudarle de acuerdo con su esposa), y la posibilidad de trabajar en Guatemala en alguna de las fábricas norteamericanas o chinas.

¿Por cuanto? Veamos: 3000 quetzales, en jornadas de 12 horas, todos los días del mes, son una "soldada" de 3000/10,25 = 293 €. Estos 293 € corresponden a un total de 360 horas mensuales. Si fuesen las correspondientes a la situación algodonosa española, debieran ser 160 horas mensuales, por las que cobraría 130,22 €. Las vacaciones se las tomaría al volver a casa cada día. Su seguro... debería ahorrarlo.

El proceso investigador-ingeniería-economía-política-organización, acaba en semejante diseño de la sociedad, ahí: en la "puerta de atrás", en el "lejos", "no más" que diría Mafalda.

Hace ya muchos años que Jonah Peretti encargó sus zapatillas "sweatshop".

Al igual que no vemos los microorganismos, aun siendo masa millonaria, y no los consideramos, tampoco vemos los detalles de nuestras relaciones económicas, siendo también número millonario, y tampoco las consideramos. Pero todo desequilibrio tiende al equilibrio, por uno u otro camino.

3 comentarios:

leo dijo...

Cuántas historias como ésa, Ref. Cuántas de nuestras pequeñas acciones diarias contribuyen a perpetuarlas... ¿Cómo se rompe el círculo?

Antonia Martínez dijo...

Eso pone en evidencia nuestro compromiso como consumidores, no te parece?.
Poca gente se da cuenta del “made in taiwan”.

sallopilig ref dijo...

Fácil: orientando nuestra educación personal en ello. El tiempo hace el resto, sin duda.

Saludos Leo.

Es cadena y círculo, de modo que pagamos por lo que hacemos, antes o después. ¿O no se nota ya?

Saludos, Antonia.