2 sept. 2009

como una gota de agua en un barreño de aceite



Un post más rico de lo que aparenta, un encuentro fortuito (o no) con el pasado, los últimos pensamientos que mascullo, y seguramente la luna brumosa de esta noche tan silenciosa, todo ello ha provocado que me de por explayarme con un tema, al que no se le deben poner puertas.

Me siento con ello como gota de agua en barreño de aceite. Desde finales del siglo XIX, viene sucediendo de forma creciente un fenómeno de expansión (como se expande la tinta sobre papel traza) de los deseos del que emprende un negocio, encadenado a la creación del inventor o del científico o del ingeniero, y encadenado también el astuto trabajo del, primero publicista, y después experto en marketing. Esto define el sustento del crecimiento que conocemos como desarrollo.

Me gustaría detenerme en algunas consideraciones. La Ciencia es, si lo es, prudente, lenta, trabajosa, y necesitada de tiempo y reflexión posterior. Así lo han reflejado los científicos conocidos por fama, y los no conocidos por anonimato. Estos adjetivos desaparecen cuando el objeto creado o tratado pasa a las manos del emprendedor, que sabe pedir la ayuda del publicista, permitiendo que en ocasiones, el producto que es nada, se convierta en todo, para todos, para toda la vida.

Triste historia me parece. Goethe, el artífice de las líneas del post que menciono, tiene adscrita la cita "Conocemos lo que vemos". Y así es que viendo qué rodea a cada ser humano en su vida cotidiana, podemos empezar a sentir o empatizar con lo que ve, y de ello, su "mundo vital".

K. Lorenz advertía cuando hablaba sobre el conocimiento, que el aparato humano de percepción está hecho para percibir ciertas cosas, en ciertas condiciones, pero no en cualquier condición, y que al margen de ellas la percepción puede ser defectuosa o susceptible de engaño.

Una de las propiedades del comportamiento de una especie social, pudiera tener diferentes nombres según el lugar evolutivo de la especie que nombremos. Pero pudiera ser el mismo artilugio de la especie en todos los casos. El mobbing de las aves en defensa del individuo aislado, el agrupamiento de los pingüinos, el aseo recíproco, son elementos que se aproximan entre sí: hablan de la cohesión. La sinceridad, como tal, sin romance, es un artilugio demasiado fino para ser herramienta del grupo, y posiblemente lo sea solo de la pareja, o de la familia. Pero es un indicador tan potente como el mejor espectrómetro de masas.

La desaparición o debilidad extrema de esta sinceridad, puede ser un indicador de la falta de visión que tenemos de los demás, y por ende, de la falta de conocimiento. Y, sin él, las únicas reglas quedan solo en pie por un interés nada natural, el económico. Cuando desaparece el interés económico, las relaciones se suspenden, y vemos algo parecido a los "zombies", personas con mirada inexpresiva, que en el fondo, honradamente y de foma sustantiva, solo hacen lo que cualquiera necesita, buscar su vida. Pero de un modo y con un modelo perverso: el que llevamos dos centurias ya aprendiendo a seguir.

Agradezco encontrar la humilde posición, abierta por completo al aprendizaje, y al ritmo real de éste (qué importa cuál sea ese ritmo) que muestra un microbiólogo japonés, cuyo estilo de escritura es claramente oriental: Masanobu Fukuoka. "En la cría de sus hijos muchos padres cometen el mismo error que yo cometí al comienzo en el vergel. Por ejemplo, la enseñanza de la música a los niños es tan innecesaria como podar árboles frutales. El oído de un niño percibe la música. El murmullo de un arroyo, el sonido del croar de las ranas a la orilla del río, el susurro de las hojas en el bosque todos estos sonidos naturales son música."

Tengo muy presente, desde los años en que me vicié a andar solo por el monte, y andar a las anochecidas, que, oigas como oigas la naturaleza, es silenciosa, no "vende". Entonces te das cuenta de su verdadero carácter, y con él nuestra vida real: la naturaleza es azarosa, dura y blanda por momentos, da vida y mata, no importa más el elefante que el microbio. En sí, es un conjunto continuamente cambiante, diverso, cuyas medidas son visibles de forma "necesaria": el paramecio ve a la bacteria por necesidad, el oso al salmón, la abeja la flor.

Pero quien se encuentra enredado entre televisores, teléfonos, casas, automóviles, vacaciones con piscinas... ¿Qué ve? Ese es, parece, el camino que llevan hoy millones : para el año 2020, 8.000 millones. De sabios es reconocer la ignorancia, y de inteligentes de verdad, rectificar.

El modelo de vida (una rana se reiría de la palabra "calidad") no puede dejar resquicio para que nadie se distraiga con nada que no sea moneda de cambio, al igual que dijera el espía inglés: "Está Vd. en un país libre: no tiene opción".

¿ Quién le dice a la de la foto que no coma pulgones, que no hace falta, "todo está controlado"?

En premio a llegar hasta el final de este ladrillo de post, un poco de alegría:


3 comentarios:

La Rata Paleolítica dijo...

Claro, toda la entrada se refleja en tu penúltima frase.

La inalcanzable armonía, eso sí, reflejada de tantas y tantas formas diferentes, y todas válidas.

Morgenrot dijo...

Querido Sallopilig, que te de por explayarte y narrarlo produce efectos casi mágicos y es una profunda lectura para el que tenga la fortuna de entretenerse y lenta,muy lentamente , leerte.

¡ Dices tanto y con tanta sutileza!
Tú te sientes como una gota de agua en un baño de aceite y no es casualidad, los motivos pueden ser muchos y, entre ellos, que " conoces más porque ves más y, quizás, mejor ".
La percepción del ser humano varía en función de cada cual, del raciocinio, de la sensibilidad, de la empatía y del interés que uno ponga en los demás y en todo lo que le rodea.

"No mata más quien mata a un elefante que quien mata a una hormiga" ( Cela ).

La sinceridad, tan y como la defines, me ha impresionado. Existe entre los humanos , pero en suma escasez para nuestra propia desgracia. " El hombre es un lobo para el propio hombre " ( Hobbes ).

Y como sí he sentido alguna vez la lluvía maravillosa hasta empaparme, y disfruto del silencio y de la música que la naturaleza nos brinda, me envuelvo en tu post como si pura poesía fuera, por ser reflexión del alma.

Gracias por todo.

Un beso fortísimo.

sallopilig ref dijo...

Yo no veo más. De eso estoy seguro, poseo la misma ceguera que cualquiera. Pero el mundo está aquí, silencioso.