19 mar. 2009

Una historia mal argumentada.



Al inicio, ya pido disculpas si mis pensamientos le chirrian a alguien, porque así sospecho que va a ocurrir. Pero prefiero la sinceridad de pensamiento, que es una entrega real: errado o no.

Puedo recordar vagamente pero con su intensidad, “El otro” de Jorge Luis Borges, o “La casa tomada” de Julio Cortázar. También “Memorias encontradas en una bañera” de Stanislaw Lem. Poseen un carácter bastante común entre ellos: la narración y la historia escrita tiene un principio, un fondo un desarrollo y un final fantástico, las contradicciones brillan, los imposibles suenan bien, piden más atención. Gracias a estos escritores, se disfrutó de la ficción y lo imposible, o lo posible pero ficticio, hecho belleza, la belleza de narrar y contar, y expresar con ello, bien un imposible que nos aclara más lo posible, bien un posible que recuerda a lo real. Destreza, eso nos falta a los que leemos, eso tenían los tres.

Otras historias, todas las nuestras, las historias de todas nuestras vidas juntas, aún separados por millares de kilómetros, mares, mirando al zenit de distintas horas, suenan de otro modo, siendo también sin embargo, una ficción. Nuestra historia, no es un libro escrito ni por Dioses, ni por escritores, ni por un daemon, ni por una fuerza cósmica (se notará que soy agnóstico con humildad): es una trenza de números, tiempo, y todo aquello que de hecho se encuentra sobre la superficie de un planeta llamado Tierra. Sin más. Dije chirriar, porque chirriar es el verbo que designa el sonido que sienten algunos si se les dice que, como especie, no somos geniales, ni somos los mejores, ni tenemos un éxito arrollador. La afinidad de algunos oídos humanos solo capta y transcribe sonidos celestiales que coloquen a algunos hombres en la cumbre, y el resto, donde sea sin que estorben la mirada o el pensamiento relajante.

Si nadie nos dirige, y andamos, y llegando la noche no encontramos el regreso a casa, entonces en silencio, y sin que nadie nos oiga, reconocemos en nuestro fuero interior que nos hemos perdido, y que no hemos sabido caminar. Y vaya camino el nuestro. No es un lujo de maravillas, si afinamos el oído a “todas” las sensibilidades. Es un compendio de todo lujo de “humanidades”: me maravilla la capacidad de colorear y re-sintonizar nuestra percepción hasta lograr ver las cosas como queremos verlas. El número de guerras, a lo largo de años, lugares, motivos, métodos, es un circo, que queda apagado cuando más nos incordia o nos molesta. El “sentido” social tan necesario, acompañado del derecho natural que firmemente creemos poseer de tener y desarrollar ese sentido social, ese sentido, con una ligera brisa de nuestra percepción queda disipado: no nos enteramos de nada de nada (para más señas de identidad, nothing, rien), ni de cómo comerciamos, ni de a quién, por cuánto, a cambio de qué, y a costa de qué, compramos o vendemos. Dichosos los ojos, los sentidos que así perciben o duermen. ¿Escribí dichosos?

Y seguimos adelante. Nuestra sensibilidad exquisita ha sido capaz de transformar tareas despreciables, añadiéndoles valor, manipulándolas, alargando y ensanchando el número de personajes, nichos laborales, capacidades intelectuales que las mejoran, hasta lograr que una lechuga posea un valor que pareciera el de un ultimate technologic component. Hemos conseguido erradicar los trigos naturales del mundo, y así, ahora valen más. Y hay para menos y faltan más. Y por encima de todo esto, tenemos la fortuna, conseguida con tesón, de conocer y explicarnos, y poder dominar, y poner coto a nuestras carencias, nuestra debilidades, nuestros achaques y toses, aun cuando no se nos ha ocurrido todavía como compartirlo a más distancia de nuestras fronteras. No hemos inventado todavía la jeringuilla con alas, la jeringuilla viajera.

En Seewiessen, un hombre cauto, observador, experimentado, y reconocedor de las sorpresas que se pueden recibir si se quiere aprender y con ello aceptar los límites que realmente existen para nosotros, los seres bípedos que “pensamos”, dijo que “el órgano funciona dentro de los límites y condiciones en los cuales se ha desarrollado y evolucionado, y a los cuales se ha adaptado. Cualquier órgano, o cualquier sistema, sometido a condiciones excepcionales “para él, podrá demostrar posibilidades de adaptación, logrando esta más o menos, sí o no, pero sufrirá la tensión o estrés de la situación excepcional: ningún órgano se modifica a velocidades grabables en cámara cinematográfica. Estas situaciones generan comportamientos, y consecuencias fuera del orden de funcionamiento posible para ese órgano. La medicina deportiva lo reconoce sin dificultad alguna. El traumatólogo lo entiende y lo asegura así, sin mediar duda.
Nadie lo reconocemos si el sujeto de la frase es nuestra propia cabeza, nuestra mente, nuestra forma de percibir, sentir y tratar el mundo, nuestra decisión parlamentada, nuestra norma social, nuestra atención pública. Ni los psiquiatras lo han reconocido: han preferido escapar a la dificultad de esta situación, especializándose en el síntoma, la jerarquía fenomenológica de enfermedades, el catálogo, los mecanismos, etc, etc, y varios etcéteras más. Desde Kraepelin hasta el DSM.

Las explicaciones más sencillas, las verdades rotundas, están por doquier y no tienen importancia, son simples y son admisibles: el Sol todos los días se presenta y se va, la Tierra la tenemos debajo, el aire no se ve, el agua quita la sed. Otras verdades, no tan simples, requieren sentirlas. Y puede ser ese uno de los problemas que afectan a algunos en este balón de fútbol enorme, en alguna latitud. No quedó tiempo para sentir en algún momento dado, tanto es el estrés necesario soportar para ganar posiciones y ser el mejor, el más listo, el que antes tiene sin hacer "ná de ná".

Puede ser esta una jugada de póker: el tiempo permitirá saber quién gana: quien espera mantener esta tensión indefinidamente, o nuestra propia naturaleza, que colocará las cartas y las ganancias de cada jugador en su sitio. Algunas bancarrotas ya han llegado.

Esta fotografía, como contrapeso, es un atardecer. Se nota ¿no?

3 comentarios:

leo dijo...

Se nota. Y un atardecer muy bello, por cierto.
La verdad es que me dejas pensando y rascándome la cabeza con tu entrada.
A falta de algún comentario inteligente te dejo un saludo. Buena semana.

La Rata Paleolítica dijo...

Me adhiero a Leo, y después de leer por tercera vez tu artículo, que me ha encantado, solo puedo decir que es tremendamente denso; habla, muy acertadamente para mí, de muchos temas. Humanidad, no, no humanidad, mas bien primer mundo, alienado. Las especies, en su evolución , buscan y encuentran nuevos nichos, si. Recuerdo una discusión de Konrad Lorenz con ...
Me habría gustado escucharla hoy. O puede que no, por lo feo de las conclusiones.
Bueno, como dice leo, cualquier comentario, inteligente o no, tendría que ocupar tanto por lo menos como el artículo.
Un placer leerte.

Algo me chirria quisas?

sallopilig ref dijo...

El tiempo hará estos temas cotidianos, carne de prensa, objeto de literatura. Bien seguro.