16 feb. 2009

huéspedes en el pueblo

















Entre el temporal de finales de Enero, y el frente frío que llegó con él, parece ser que unos cuantos viajeros han decidido asentar sus reales patas en esta posada que es el pueblo. O con más exactitud, en la tradicional posada: el campanario de la Iglesia. Así que esta noche de febrero, con Venus como faro vigilante desde el Sur, 15 cigüeñas se quedaron a reposar y a dormir la noche, y supongo que a buscar algunas viandas en los campos en derredor. No se ven maletas ni teléfonos móviles.

Ya en días anteriores pararon en ellos de improviso gansos y grullas, desorientados y amedrentados por el fuerte viento. No podían continuar, y bajaban agotados al campo al anochecer. Ellas, que no es la primera vez que cogen habitación eclesial, tienen decidido hacer mejor uso, el de la torre, y así se les veía por la noche. Bienvenidas, señoras. "La 103, 104, hasta la 118. El baño al fondo! A la madrugada, estaremos en la plaza para despertarles."

Las cigüeñas blancas vienen ahora desde los campos húmedos del norte de África y del sur de España, a los mismos nidos de los que partieron, Los campanarios, además de ser seguro lugar para el nido, les facilitan el arranque del vuelo. Y tomamos su presencia como buen augurio. ¿De qué será el augurio? Tras las nevadas, por supuesto indican el final del invierno para ellas, y la progresiva apertura de casi toda la flora a la primavera.

Solo su presencia, ver la vida silenciosa que llevan, al margen del petróleo, la bolsa, y la inflación, ya sobrecoge. Tan humildes, y tan señoras.















7 comentarios:

AleMamá dijo...

Nunca he visto una cigëña, y me encantaría, pero no en mi chimenea, creo

Luis López-Cortés dijo...

Hay visitantes que siempre son bienvenidos. Se conforman, al contrario de los humanos, con muy poco. Y, además, siguen el curso que les marca su destino.
Saludos. Bonita entrada.

Hache dijo...

Tengo la suerte de vivir en un pueblo lleno de cigüeñas. Con todas sus consecuencias, incluso la de tener que esperar a que nos quitaran un nido de la chimenea. Me he criado en un pueblo famoso entre otras cosas por su iglesia plagada de cigüeñas.

Su sonido es algo que me transporta a parte de mi infancia. Me aportan calma ... ay ... como me ha gustado leer esto.

;-)

La Rata Paleolítica dijo...

Disfrutando, eh?

Ya verás, ya, como se te posen en el cable y empiecen a aletear...

Ojalá se quedarían hasta Mayo.

La Rata Paleolítica.

isobel dijo...

jajaja deja a los animales que sigan siendo animales, que necesidad tendrán ellos de preocuparse por nuestras cosas

ana de la robla dijo...

Preciosas!!

Hipatia dijo...

La primera vez que vi una cigüeña fue en Salamanca; allí, en el centro de la ciudad, hay un edificio con dos estatuas de cigüeña.
Por aquí, sin embargo, no suelen verse; demasiada humedad, quizá. Excepto un año, en el que apareció una "familia despistada" en la pradera de un valle cercano a la costa.
¡Gracias!
Un beso.