5 feb. 2009

duendes en nuestras vidas


He estado intercambiando alguna sensación, algún sentimiento, con una persona que tiene algún "duende" viviendo consigo. Esto me hace brotar pensamientos que llevo dentro, algunos bonitos, otros duros.

Hace ya muchos años que tuve conmigo algunos perros, que compartían intuitivamente su nueva vivienda y comida: todos eran abandonados. Una perrita cazadora (Laika), un gran Danés inocentón como el sólo (Bru), un pastor alemán jovencito (Truk) y un doberman que una vez liberado de la soga y de la noche, se bebió tres litros de leche sin empacho alguno. Conseguimos recuperarlos para sus dueños, o para una vida "normal".

Menos hace que encontré a un primer gran amor: Leo. Leo era un Sar Planina, traído muy probablemente por algún militar de Yugoslavia: los utilizan para entrar a las guaridas de los lobos. Este solo rechupeteaba tu mano, tu pierna. Siempre pensé que era una especie de franciscano con cuatro patas. Al año de tenerlo (a sus dos años de edad) descubrí porqué lo abandonaron: el dueño sabía (los oftalmólogos así lo decían) que portaba un gen que le dejaría ciego entre los dos y los tres años. El día que le atropellaron en una pata por perseguir a una perrita, vino llorando intentando que yo le tranquilizase. Estuvo encantado de ver durante dos meses que todo el mundo se paraba a acariciarle, cuando llevó su pata llena de hierros a la vista. Encantadísimo, salvo las molestias, claro. Cuando ya ciego se cayó al río, y salimos empapados, temblando los dos, empezó un lazo que no terminó el día que se fue. Sigo llorando en esas pocas ocasiones en que algo me recuerda sus días. ¿Porqué será? ¿Por los momentos de bondad, de total indefensión, de transparencia de su carácter?

Su compañera llegó al año: Alarih. Se crió entre niños su primer año de vida, y así se educó: juerga, juerga, y más juerga, ninguna responsabilidad, ningún tope, ninguna barrera (pastor vasco liberada). Cuando vino a mi coche, quiso volver a su casa tirándose por la ventanilla. Hoy, mira siempre y adivina qué voy a hacer, antes que yo mismo. La caradura que tiene, sus ataques de juegueteo cuando ya no puede estar por más tiempo "relajada", son puro "Walt Disney".

Otro elemento llegó desde debajo de un tronco de roble, a sus treinta días de edad. Abandonado, comía el pienso que mi amiga Goretti ("Santa Goretti") le daba, con la sana intención de capturarlo. El día que conseguimos levantar el tronco para cogerle, vacunarle, y llevarlo a casa, salió disparado sin darnos tiempo a reaccionar, cruzó un río haciendo chipi-chapa: su nombre, claro está: Tritón.

Como mi buena Nina estaba operada, se lió con la damita recién llegada a casa: Indhira. El alma gatuna de Gandhi. Nacieron cuatro, sobrevivieron dos: Tigre (el bonachón), Pluma (un delicado y fino "siamés). Compartieron vida con otro egresado: Missing, la centella de la noche. Y al tiempo, con otro más, el diplomático de botas blancas y pelo negro, delgado y estilizado: Samuel. Ahora, la hija de Bufanda, Froilana, y su hijo Ocupa, son los últimos.

Las carreteras, algún tractor, algún veneno se me llevaron a algunos. Alguno ha salido adelante de malas situaciones. Otros, viven con alguna mujer del Norte, en buena casa. Las correrías, las juergas nocturnas, los torturas a las musarañas, y las malicias para dormir en mi tripa, no desaparecen nunca.

Todo esto, es una mota de polvo en la inmensidad de lo que hay a nuestro alrededor, una mota de polvo en las cosas que suceden, en las vidas de animales que otros pueden contar, pero todas ellas con algo común: belleza, dulzura. Pero no son bobadas. Esto educa, esto forma. Se puede aspirar a ello como algo a alcanzar, algo a envidiar. Tengo la fortuna de haber elegido tener amigos de esta "calaña", lo reconozco. Te recuerdan y mantienen cercano a la vida más sencilla, más real, más humilde intelectualmente. Se puede criar caballos, y se puede hacerlo con dignidad. Y vacas, y ovejas, y.. y... y se puede hacer con dignidad. La falta de dignidad en el trato a árboles y animales, o es necesaria, es una aberración.

No voy a dejar de decir algo diferente a todo esto. No mantengo una posición tranquila ni relajada ni impasible hacia el maltrato. Es una de las caras de un poliedro de actitudes que conlleva más cosas, y más maltrato hacia otros seres vivos: las personas. No lo dudo. Y se mezcla con gran facilidad con la ignorancia cultural, por ejemplo, la que tenemos aquí como "bien cultural tradicional, desde siempre": hacer algún tipo de bestialidad o burrada sin motivo ni gracia, con un animal al que no se le consulta.

Siempre está cerca el mismo motivo en todas estas salvajadas: el económico. Y siempre la misma protección: el anonimato y la ocultación. Y siempre alguna víctima que no puede responder en ningún lenguaje humano. Y siempre la explicación semántica y racional de la necesidad de hacer la salvajada cultural. Esta no falta, la "cultura". Ya sabemos suficientemente que somos muy capaces de explicarlo todo.

Como ejemplo, lejos, están fuera de nuestra vista las granjas de cría de zorros en China, con un destino: pieles para ropa.

No me agrada este tipo de imágenes, pero, también son ciertas. Da igual cómo excusarse: la culta y moderna Canadá, la perfecta Francia, la desconocida China, la lejana Indonesia, la perfecta U.S.A., por doquier estamos saturados de información ya vieja, ya cansina, ya con polvo, que muestra que no hay donde mirar sin ver siempre nuestro lado indigno. Si al menos van bellos quienes visten con esta piel... Saludos especiales, desde mi "falta de cultura", a personajes que describen bien la cobardía humana.


Pledge to go fur-free at PETA.org.

8 comentarios:

Antonia Martínez dijo...

No puedo ver el vídeo entero, discúlpame. Sólo ha empezado, y lo he parado porque no puedo seguir viendo más... demasiado cruel lo que se hace con los animales y mi también “falta de cultura” me sensibiliza en demasía. Soy una inculta suprema, y además, orgullosa de serlo.

Aún así, espero que sirva para adquirir conciencia. Ojalá pudiera transmitir lo que siento cuando mi perrita me lame las manos al verme llegar después de todo un día sin estar en casa. Dudo que alguna vez alguien se alegre tanto de encontrarme de una manera tan desinteresada.

Felicidades por tu post y, sobre todo, por ese corazón que tienes.

Morgenrot dijo...

No he querido ver el video.

Tu post me ha emocionado. Creo que para que un ser humano le consideremos como sensible y bondadoso, es requisito que así lo sienta con la naturaleza toda y de esta forma actúe.

Una vez ví a una mujer cómo molía a palos a un perro, y aquéllo me dió la medida de las cosas.

Un beso fuerte para tí, que estás repleto de humanidad.

ana de la robla dijo...

El vídeo, desgraciadamente, ya lo conocía...
Qué innecesario, siempre, el dolor.
Y qué indigno el ser humano en tantas ocasiones...
Un beso y una caricia.

P.S.: ¿El gato es tuyo? ¡¡Es precioso!!

Hache dijo...

No veré el video amigo ... me quedo con la dignidad y el respeto de tus palabras. Y con la sensación (muy agradable por cierto) de saber que no todos son malos ... sólo hay que encontrarlos y cuidarlos. Como a un animal. Igual ....

leo dijo...

No puedo ver el video.
Esto que has escrito es grande: la revuelve a una las entrañas.

Jesus dijo...

que bonito escrito, Fer, lleno de cariño, humanidad y de cultura. No llames cultura a la burrez y la criminalidad.
Voy a ver tu video.

Quita eso, Fernando, estoy llorando a mares, j...

No, quizás deba estar ahí. Perdona. Creo que no es el mejor momento para mí.
Nos vemos.

Jesus dijo...

Bueeno, ya pasó el berrinche. He vuelto a la foto de tu gato, que conozco bien, sobre la mesa que conozco, y al fondo la chimenea que conozco. Salgo un poco al balcón, veo a Rufo, Jacky y Tinhlebe (orejas). Y se pasa el mal trago. La tierra vuelve a girar. Rascada de oreja para la jetas.

La Rata Paleolítica.

Hipatia dijo...

Gugu:
Si la especie humana es una hoja que cuelga de un árbol, esta "gente" de la que hablas son otras hojas que nos tocan cuando el viento las mece.
Pero, qué bonito, lo que cuentas.
Gracias.
Un beso, desde la Enterprise.