10 jun. 2008

monolitos más fuertes que el granito




En el silencio de la casa, donde nadie escucha, y a nadie se puede vender lo dicho, es donde y cuando mejor se puede escribir de cosas, simplemente de cosas, en la seguridad de no mentir, ni esconder.
Y es fantástica la posibilidad de volcarlo allá donde la voluntad de quien lee, domina por encima de la voluntad de quien escribe. Así se facilita la comprobación de la sinceridad.
Y se puede revolver la norma: no escribir de lo que se espera leer, ni como se espera leer. Se puede infringir aquello que no tiene pecado ni delito, pero es temido: ese espacio, ese terreno, esa suma de interiores que sabemos en nosotros, pero tantísimo nos parece aterrorizar y avergonzar nombrar.

Pues no va a ser así. Se me rompió el olvido de esos interiores hará tiempo, y hoy, por hoy, o por mañana, mis interiores y otros interiores de personas siguen haciéndome vibrar.


El tiempo, conforme pasa para todas las cosas, siendo algo sin existencia física que observamos y entendemos como el mañana, el hoy y el ayer, logra por sí solo dejar las cosas en su auténtico sitio, su ser: lo que fueron desde el primer día, pero solo nos adaptamos a ver después. Y muestra, por ejemplo, aquellas cosas que estuvieron y están, permanecen y siguen cual monolitos de granito firme, cosas que amamos y adoramos por su consistencia, por su perserverancia en el tiempo. En el caso de esos monolitos que son sentimientos, dominan con su presencia su entorno, y su propio terreno. No necesitan la luz del sol, pero ¿qué energía los creó?

Uno de los sentimientos más bellos que he conocido, se inicia siempre con una timidísima mirada a la luz exterior, a la propia escucha, donde antes no estaba: comienza por intuirse e intuir sola y pobremente cuándo una persona está realmente extensa y feliz. Crece con todos los momentos en que se vuelve a repetir y ver que una persona se siente bien, se abre, se infla, revolotea por decirlo con alguna de nuestras palabras. Ese sentimiento de bienestar que provoca la felicidad del otro no toma cuerpo ¡y sin embargo!... se instala en ti porque sabes que te indica cuándo el interior del otro está lleno de luz. No se puede engañar nunca más uno después de ver la luz en otro. Conoces su luz, y con ella su bienestar, el que tiene auténtico y no puede ser falseado o simulado, el que puede ser un monolito. Nunca engañarás a esa autenticidad.

Este sentimiento (hay otros, no es ni está solo) arrastra consigo otros: será la fabulosa llave que abra otros sentimientos cuya existencia, cuyo suceso, nos dan cosas que ¡no teníamos!. Solo si tenemos este sentimiento, podrá ocurrir que un día nos veamos ante un otro esforzado, o radiante, o interesado, o animado, o deseoso, y aparezca en nosotros acompasándose y acompañando al otro. De igual modo y con igual facilidad, si tenemos este sentimiento, el día que veamos al otro acallándose, lejano, sordo al aire, dolorido, le estaremos escuchando como si fuese en ese día el único sonido del Mundo, con un nuevo sentimiento que nos acerca a ese otro. Solo es así, poder un día llorar por ver al otro en un desierto interior, o poder ver brotar en uno la más absoluta felicidad si le ves encontrarse, abrir los ojos, y con ellos ver.

Soy de una cobardía terrible para decir cosas que no haya visto ni sentido en otros y en mí. Todo aquello interior que tras años de vida no movió ni un grano de arena, nada nos vale. Aquello que, de un golpe y sin dificultad, sin chirriar, con la fuerza del deseo auténtico, mueve y da vida todo cuanto toca, eso es lo que llamo monolitos. Queremos dar forma a las cosas, y las convertimos en monolitos, y ahí están, como Keops, Geeza, pero son piezas de piedra. Pero las verdaderas no están a la vista, se notan por lo que mueven dentro de nosotros.

¡Ya! pero el Mundo sigue funcionando y esto no es posible... ¿De verdad sigue funcionando? ¿De verdad esto no es posible? ¿Quién lo dice?, ¿alguna ley escrita, también en algún monolito?

Sigamos el tiempo que tenemos: no somos dueños del momento en que una sorpresa ocupa el camino, de nuevo donde creíamos no haber nada.

13 comentarios:

Luis López-Cortés dijo...

Muy profundo. Te ha salido la vea intimista y se agradece. Texto digno de leer varias veces, Sin duda, lo haré.
Somos dueños de alguna parte de nosotros mismos y se agradece.
Saludos.

Luis López-Cortés dijo...

Quería decir la VENA intimista. Disculpa.

sallopilig ref dijo...

Pillado: te falla la tecla "n". Saludos.

ISOBEL dijo...

esos puntos de inflexión... besos escuetos, que esto da para mucho hablar

Magia dijo...

El otro día cuando llegué de mis vacaciones me pasé por aquí, sólo que necesitaba más tiempo para leer tu post y hoy por fin lo he tenido, me alegro de leerte.

sallopilig ref dijo...

Saludos varios. Magia, espero las vacaciones sean solo buen preludio del día a día. I5obel, hablaremos.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Un fuerte abrazo desde el silencio monolítico. En esa escucha resurgí... Besos.

sallopilig ref dijo...

Me alegro realmente de verdad. Un saludo Ana

Dédalus dijo...

Comparto absolutamente contigo la idea de que el bienestar nos inunda cuando percibimos a quien queremos feliz... y que ese anegamiento es como un chorro de luz. Lo hemos sentido todos en algún momento (incluso en muchos momentos), y es contagioso y es bello.

Un abrazo, Fer.

El Rincón del Relax dijo...

Hola para mi un placer, llegar a este blog donde se respira mucha tranquilidad, recibe un afetuoso abrazo desde mi rincón

sallopilig ref dijo...

Saludos Dédalus.
Relax, Otro saludo.
Lo siento, pero estoy poco hablador.

Fran dijo...

Qué buenas reflexiones. Esto solo lo puede escribir quien tiene empatía y sabe “vivir el otro” ponerse en su piel y además estar triste o alegre con él. Creo que es muy importante y la clave para ser feliz y hacer feliz a los demás.
También estoy de acuerdo cuando dices: no somos dueños del momento. Algunas veces nos sentimos muy seguros pero no sabemos qué cambios y sorpresas nos esperan en el momento siguiente.

sallopilig ref dijo...

Fran, es mi parecer solamente.