25 may. 2008

navegando sin brújula (44 cuentos)

No recuerdo el puerto, y sé que de él partí
algo en mi memoria me dice que fue un día soleado
¡que había tanta gente en el muelle!
Qué carajo, lo hice, no lo pensé más
y le dí el golpe al timón hace unos días
cerca de la costa.
Me dijeron los marinos que aquí
es donde cambia el rumbo
que aquí se pierde uno, y las cartas de navegación
se borran, y se releen
por primera vez con otro sentido.
Que aquí es donde sientes que no es necesario vigilar
el Norte ni las aguas, que unos días pasan
y sin saberlo estás en rumbo.
Ha sido así, y el mareo, el bamboleo
han removido todo: las cuerdas, las velas
a mí, mi estómago, mi vista, mi atención.
Y se han alejado con discreción y con silencio educado,
tantas caras, tantas palabras, tantos gestos
y sus rumbos y sus rutas
y sus puertos y sus barcas.
A las noches,
solo,
en este bote,
sin conocer aún qué corriente viaja debajo mío recogiéndome,
la luz añil de la mar inmensa lo invadía todo
y mostraba los miles de crestas del agua.
Su dulce lenguaje, con mi complacencia
borraba una tras otra todas las manos que ya no deseas,
todos los fatuos fuegos.
Me sobrecoge, me apacenta, me obliga a ser yo mismo
esta palabra de la mar.
Un silencio que va y vuelve hacia y desde el horizonte,
que compone toda la atmósfera de estos cielos
que me cubren
y que se funde en movimiento con la piel del agua,
ha sido capaz de entregarme el deseo de mí mismo.
Así ha sido sin presencia de nadie,
con la generosidad de aquello que está callado
ahí, afuera, por todos los sitios
sin que nadie lo quiera. Sin que nadie lo mire.
Nada puede haberme molestado menos
que el continuo bamboleo del bote:
despistado, acunado, olvidado del dónde y del cuando
se han abierto poros ahí donde no transpiraba,
los ojos han dejado de mirar, para empezar a sentir
y he conocido por primera vez discursos musicales que no llevan palabras.
Me cuesta creer que dejaré estas aguas
que habré hecho nuevo rumbo, y enfilaré a tierra
y quedará en mi ser impregnado
el hálito, el olor, la duda y el destiempo de este punto en la mar
sin querer en ningún momento saber
qué punto era,
qué aguas se llaman estas,
dónde en el mapa.
Que a nadie podré dar señas de ello.
Sé o creo saber por este ahora en la deriva
que su mensaje es único, para cada quien
de quien pase por aquí,
por esta nada
por este plano vivo de espuma, océano y aire.

Estoy oliendo la sal fuerte
el salitre intenso
el olor del azufre suave que ha aligerado cuanto equipaje llevaba
de suciedad
de vejez
de falta de honor
y de falta de amor.
Las traviesas del barco,
las botas, la mochila, las ropas
todo brilla limpio mojado por la sal húmeda.
No perdí la brújula. No estaba
entre tantas cosas
que han caído a la mar.
© lajoyadelnilo, 2008

4 comentarios:

ISOBEL dijo...

sublime, besos

OnlyMary dijo...

Precioso, Sallopilig, precioso.

Magia dijo...

Vaya...!sin palabras.....

Elsie dijo...

Me siento, muy, muy pequequita, para hacer un comentario, tan chiquitita, que no me atrevo, .... gracias por sentir.....