11 abr. 2008

más secretos inconfesables (jazz)

Años hará que trabajé en un pub precioso, en madera, con una clientela "sui generis", aquello era una bomba continua día y noche, lunes y miércoles, enero y septiembre. La locura, aparecía a veces cuando menos lo esperábamos. De todas las formas posibles: no he logrado volver a ver semejantes arrebatos nunca.

En cierta tarde de primavera, con el calor en el suelo pegado, se reunieron mis amigos Policarpo (orondo, socarrón, y buena persona, por encima de lo inteligente que era), Juan Mari (a sus 17, de crío, se "fugó" a Barcelona con una pistola, como decía él a "vete a saber qué") padre de ocho geniales hijos, Javier (buscando reír después de trabajar), Marta (a punto e explotar) y Fernando (zorro y provocador como él solo).

Las copas, platillos, monedas, revolvedores, la sobrebarra, la cristalera, las piernas, todo se convirtió en diez segundos de verlo y no verlo, en los instrumentos de una orquesta-jazz-band-nomepares, y un mar de lágrimas, porque el jazz auténtico es así. No se puede reír de otra forma. Y todo por algo como esto: si no te has desfogado nunca con una batería, te lo recomiendo. Encarecidamente, hazlo una vez antes de morir.



(Dave Brubeck Quartet)

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