20 abr. 2008

los espejos que nos reflejan


Del dicho al hecho, hay un gran... trecho. Eso.
Borges, por su condición de difícil vidente, regaló mil fórmulas para conocer los espejos, desde variados ángulos.

Los seres humanos tenemos varios espejos que nos reflejan limpiamente, y que por su tamaño cubren la imagen que puedan dar otros espejos menores: un espejo son los niños. En un niño se nos verá, se sabrá si somos de confianza, si podrá alguien contar con nosotros. Los animales son otro espejo: su pelo brillante, sus malicias, su desparpajo, dirá si es buen sitio nuestro lado. Los ancianos son otro: una mueca de conversación, no imaginamos su contenido, prudente y refinado.

Si se rompen los espejos, hay un orden cronológico inevitable en ello: unos se rompen si se han roto antes otros. Y puede que si nos atrevemos a romper el primero, rompamos con frialdad el segundo, y luego el tercero, y los que vengan.

Haciendo metáfora, los trozos rotos dividen en partes menos aparentes o molestas cada espejo que estalla, pero multiplican la luz que reflejan en cientos de rayos o voces: así pasa en el Mundo, cada segundo más trozos diminutos de más espejos mayores, más rayos provocan que obviamos y olvidamos, pero no hay forma de moverse sin que se crucen en tus ojos por mucho que los entrecierres.

La vida no descansa, no duerme.

2 comentarios:

ISOBEL dijo...

que cierto... no descansa, afortunadamente, besos

sallopilig ref dijo...

Cualquiera dirá: ¡este "metafísico"! ¿Y lo que me importa? 0. Yo hablo, que se sepa lo que piensa uno.