11 abr. 2008

el Sol de Nalaya



el Sol de Nalaya



He aprendido tanto. No sé cómo tomarme esta vida ahora. Mis ojos, que ven ya borroso, han visto estos tiempos que han pasado. Yo, siempre he sido una mujer que he pedido poco a la vida, y solo he querido tener salud para sacarle al campo lo que necesitábamos en casa, ver mis hijos sanos, y a mi Strob a mi lado. Pero estos ojos han tenido que ver cosas que yo no entiendo muy bien. Yo no fui a la escuela, mi educación me la dio mi santa madre, que en paz descanse. Y ni el sacerdote de Noig-Iler, ni el curandero de Air-Udi-Bass, nada han sabido más que hablar y hablar en el templo de Daddiuc, mientras los que vivimos en este valle, mi precioso valle de Nalaya, hemos visto tanto.

No tenemos mucho tiempo en el día para vernos, pero sobre todo las mujeres, nos encontramos en un recodo de cualquier camino, o hablamos mientras nos ayudamos, o protestamos por que el agua no venga a tiempo. Y con eso nos basta, así son los lazos que tenemos, hablamos y nos limpiamos las unas a las otras: el marido es de cada una. Cuando nos metemos en la casa de alguna, ¡qué gritos!, nadie nos aguanta, pero reímos. Y todas, pero todas, le tenemos un cariño enorme a Ocnuj. Es la niña de los soles y las lunas. Es la que no tiene y da. Es la que sabe pero desconoce. Yo la veo, y veo un junco a la orilla del río, que se mece al Viento, se dobla y se recupera, año tras año.

La casa de Ocnuj se encuentra a la media altura de una ladera, viendo el valle, nada le vigila por detrás. Es la casa de otro. Dejó a su familia lejos, más allá de Dirdam, donde están los caballeros del Rey. Cuando vino, nos impresionó ver que pagó unos soures de plata por las tierras junto a la arboleda. Y más nos gustó ver cómo se transformaron en pocos meses, en unos pastos fértiles, donde unas pequeñas ovejas que le trajo un mercader, crecían balando fuerte en los silencios que dejan las tardes, entre Sol y Luna. Era una sonrisa en el campo, de lejos te miraba y su alegría cruzaba el pasto hasta tu corazón, como las semillas con alas. Nos revolvía a todas, con su humor estruendoso y veloz, o nos hacía temblar si la veíamos triste, sentada sola en una piedra mirando lejos, o callada.

Una tarde de verano, supimos que no se guiaba por el Sol y por la Luna: de ella supimos más que lo que todas hacemos, mirar Sol y Luna. Ocnuj tiene en su interior varios soles y lunas, cuida el campo, respira y duerme en compañía de aquellos que nosotras no hemos visto nunca, su oído escucha ágil cualquier tono rítmico del aire entre las cabezas del trigo, su mirada si es fuerte encuentra en nosotras la frase que íbamos a decir y callamos temerosas. Ese junco, esté donde esté, nos mira y nos escudriña, y nos reconoce. Ocnuj es un cofre, y un claro en el bosque; es una noche violeta oscura y una mañana azul clara; es un silencio de piedra y un canto de pájaros danzando.

Supimos que Oremirp no pudo ser su amor, ni ella su compañera. Un día partió cabizbajo, arrastrando la carreta lentamente, y se alejó del valle. Los gallos saltaron de entre las ruedas, revoloteando entre las granjas, y él no se volvió a recogerlos. Nadie le despedimos, nadie supimos de él. Pero le vimos a ella trabajando rápido, varios días. Estábamos contentas al ver dos años después a Odnuges, el valle sintió que en aquella casa la felicidad corría.... pero los soles y las lunas de Ocnuj no tenían sitio para él. Debió huir de noche. Nadie oyó ni escuchó su voz, ni su partir.

Todas dicen que la vieja Atreiba Ajero es una madraza, pero no creo serlo. Solo siento fácil a una amiga. Por eso puede ser que Ocnuj me haya hablado tanto, y me duela haber sido muda testigo de su soledad. Desde que ella me habló de sus soles y sus lunas, pude ver que no seguía ni nuestro Sol, ni nuestra Luna. Otros ritmos, otras horas, y otros dioses le hablaban, y le conducían, o ella les conducía, o ella movía soles y lunas, al mismo ritmo que se mecía ella, como un junco al aire. Así vi tres años, de esta dulce mujer, de esta criatura maravillosa, verle hacer crecer las orillas del río de flores, para perder su sueño a las noches; verle guapa y canturreando por lo bajo, y soñar sola tantos días de lluvia. Le he despertado como niño por las mañanas, y le he buscado inútil como duende por las noches. He escuchado su silencio, y he olvidado sus palabras.


No puedo decirle a mis amigas, ni a Strob, ni a nadie, porqué ni desde cuando me siento una mujer más joven. Pero sé conmigo misma bien porqué. Los soles y las lunas de Ocnuj se han ido. Así fue un día, que noté que Ocnuj, lloraba, pero miraba diferente; callaba, pero hablaba simplemente; se dolía, y se mecía como un junco al Viento, pero ahora, dulcemente.
Ocnuj estaba mirando nuestro Sol, el que da grano al trigo, el que entra por la ventana, y el que se va cuando viene la Luna, esa que ella también estaba esperando. No sé porqué se fueron, ni a dónde, pero Ocnuj, mi dulce Ocnuj, esa chiquilla, esa mujer, ese delicado cristal, habla hace tiempo, y hace que mis ojos vean cuanto ve ella, con doble alegría, con triple color, y algo de esa mirada limpia y fresca me recorre a mí, y me da la vida.


Ocurren cosas en el valle de Nalaya, que no entiendo exactamente.


(van Morrison & the Chieftains)
© lajoyadelnilo, 2008


5 comentarios:

sallopilig ref dijo...

;)

ISOBEL dijo...

:.], esta visto no se mandar besos

sallopilig ref dijo...

yo tampoco, pero me has hecho reír. un... no se qué!

Magia dijo...

Vaya imaginación la tuya.....

sallopilig ref dijo...

Lo siento, me sale así, cda vez de una forma. Como me dé por el humor, a prepararse!