1 abr. 2008

el fogón

Vivo en un pueblo, en una casa vieja, con incomodidades, y con preciosidades. Entre los hábitos que pueden quedar en un pueblo, este me parece genial: en un pueblo, contra lo que ocurre en la ciudad, se le hace poco caso a la televisión, si se tiene alguien con quien hablar ¡de lo que sea!
Ahora que el invierno enfría el cuerpo, esto sucede al calor del fogón, mientras la señora Carmen, hace el queso y el requesón. En mi casa, retiré la televisión, porque no me decía nada, le hacía falta a otra persona, y robaba tiempo para conversar. Cuando viene alguien a casa, tenemos tiempo para calentar café o chocolate, hablar, perder el tiempo. Es tremendo lo que vale ese tiempo con los demás. Y la televisión lo hubiese robado. No la enviaría a la hoguera, pero la dejaría solo por lo que puede dar: alguna película, alguna entrevista, y pocas cosas más de vez en cuando.

Comparto vivienda con algunos gatos y una perra bruja, y no me engaña ver como apoyan la cabeza cuando sestean: ¡les encanta la radio suave, se relajan, pero no aparecían en los tiempos en que estaba la televisión! Increíble, ¿no? No es cuestión de tener una chimenea romántica, lo es de lo que, como dicen los más viejos, más falta hace: tiempo para hablar de tonterías.

¡Arriba los fogones, chimeneas, y terrazas!

4 comentarios:

OnlyMary dijo...

Vaya vaya....canalla....
Ya hablaremos...jaaja
Un beso

Magia dijo...

Estar al ladito de la chimenea un día de frío mientras fuera llueve a raudales...no tiene precio, paso por alto las incomodidades de la temperatura de la ducha.Un saludo

sallopilig ref dijo...

sí magia, sí. Días hay que, en un paseo te encuentras con un zorrito, o camachuelos, como hoy, y luego el calor de casa apetece.

Sister onlymary, no eres la única. Je je.

Luis López-Cortés dijo...

Que envidia (sana) me das. Enhorabuena por tu calidad de vida. Se nota. Un abrazo.