5 abr. 2008

el amor: hay que hablar de él


Claro que había que hablar del amor. ¿Cómo no? Seguro que se me podrá pillar de qué cojeo. Seguro. Solo se me ocurre mostrar algunas cosas nada espectaculares, pero que me inspiran desde muy abajo, ahí donde tenemos las raíces todos.

En cierto momento, me he descubierto a mi mismo pensando en como merodean por dentro los sentimientos, desde dónde vienen, qué tal les va, y qué piensan. Les pregunto y oigo cosas que me hacen reír. Se abren, se ponen francos, como si dos cervezas en la taberna del puerto les hubiesen bajado la barrera protectora, y están parlanchines.

Me cuentan que no están extasiados por ningún ser celestial, ninguna supermujer, por nada del mundo esperan una maravilla. Y lo dicen tan ufanos. Y tan ufanos me miran por dentro, fijamente con una actitud retadora pero amistosa, y se extienden sobre el tema. No, no están así, están de otro modo. Dicen que ya tienen lo que quieren, motivos para estar ahí, motor, esa química que permite que trabajen y estén ahí haciendo lo suyo, sintiendo, sin que nadie les visite. Yo que soy "perro", les tiro de la lengua. Y ellos que son ladinos me dicen "ya sabes tú quién". Y encuentro que igual que la vida a veces quita, cuando quiere te da. Y ahí estoy, con toda esta tropa de sentimientos trabajando, los muy ladinos meten horas extras cuando quieren, porque no les cuesta. Ya saben lo del enfriamiento con los años, lo de que es todo temporal, lo de que... todo, se lo saben los muy ladinos. Y se me siguen sonriendo un poquito por la comisura de los labios. Y claro, veo qué es lo que ocurre. Me quedo callado, porque es la primera y a lo mejor la última vez que lo veo y lo oigo. Nada tiene de fantasioso, pero el olor a mar, a campos, el sonido afinado que se respira aquí en los sótanos del corazón, las cabecitas de todos los sentimientos trabajando sin levantar la mirada, sin sueldo, impone respeto. Sabes al olerlo que no desaparecerá. Alguno de ellos me mira un instante, como diciendo "aquí estamos, perdona que te demos la espalda pero estoy haciendo algo importante".

Y yo me digo: no he nombrado a nadie, no he mencionado el nombre, pero este sótano rojo, entre arterias y venas, acaba de definir a alguien. Esto yo no lo esperaba. Cuando el propio ser se encuentra así, comprensiblemente eres capaz de todo. No es de extrañar. Nadie abandona semejante Universo.

3 comentarios:

Magia dijo...

Las cosas se ven desde otra perspectiva cuando se le hace sitio al amor

sallopilig ref dijo...

Y se viven de otro modo.

ISOBEL dijo...

que alegría descubrirte, un beso