17 abr. 2008

callar, una forma de no decir la verdad


Hace 20 años, era un estudiantillo apasionado por la Biología, un poco descentrado personalmente al principio, pero encantado con lo que yo "veía" en la biología. Me hacía con manuales, con artículos sobre lo que intuía a escondidas era lo que perseguía. A mi alrededor, era ciertamente un bicho raro por eso: no era el estudiante que bebía más cervezas. Solo un compañero de aquél entonces, se mantuvo en su camino: Manuel, el maño.

Hará tres años descubrí que todo aquello que estudiaba ocultamente -supuestas majaderías-, es la base actual de lo que debes conocer si quieres estar preparado o informado. Tanto ha avanzado el conocimiento en algunos campos, así ha sucedido. Donde no se entendía, ahora se comprende. La humildad de saber que existe una laguna, y confiar en hacer visible donde hay un vacío, lo es todo a la hora de abandonar la ignorancia que todos tenemos. Somos ignorantes de muchas cosas, es del todo natural. Pero hay que reconocerlo, al igual que reconocer que el camino para comprender las cosas que desconocemos, no es fabuloso, es simplemente real. Y las cosas que se pueden explicar, puede entenderlas con adecuación cualquiera.

Por desgracia, y aunque parezca que tengo una firme seguridad en la ciencia (soy un "ciencias"), esto no es así: tengo seguridad en la ciencia cuando está confirmada y firme por ser útil a todos, pero no cuando está en estado de "aparición", o sirve solo parcialmente a algunos conocimientos. Este es el caso de la genética, de la química, al servicio de la producción.

Me temo (o más bien me atrevo) a pensar ya con mucha claridad, que bajo nuestra mirada o atención hacia lo que vemos u oímos públicamente (lo llamo "info-mass-media", perdón por la palabreja), corre desde hace más de ocho décadas y con mayor intensidad con el tiempo, un problema callado, un hecho que cualquier biólogo o genetista intuye.

En la Naturaleza, los hechos no ocurren con una finalidad precisa exterior (un Dios director, una mano invisible diseñadora): si los escarabajos más resistentes (los "fuertes") sobreviven, le viene bien a la especie y a los escarabajos que tengan descendencia con estos "fuertes", y eso es todo. Así, el azar está y no está, según donde miremos. Si esto lo trasladamos a los genes, si recordamos las inocentes "modificaciones" mejoradoras realizadas en pastos con la Revolución Verde, los miles de bocas alimentados a día de hoy con esos pastos, y con los que los han rumiado, y las condiciones de vida ambientales del "segundo" y del "primer" mundo (una debilitada y otra debilitante), es inevitable pensar que se han cometido errores, que se multiplican ocultamente (así es la genética, oculta al ojo común) y se desparraman lenta y continuamente en cada estante de un hipermercado.

Ahora se reconoce la potencia, la capacidad decisoria de cualquiera de los hechos que se dan en nuestros cromosomas: ahora se empieza a conocer (sumando dos y dos, con claridad aunque poco a poco) a la vista del poder de los cromosomas, lo peligroso que puede resultar, tocar un cable sin saber, manipular un cromosoma sin conocer. Y los mass-media, fabricando nuevos tabús e iconos sociales, con el desparpajo de "que me rebatan, que ya está dicho".

Prometo una explicación sencilla y rotunda de las "dudas" que mantengo.

4 comentarios:

OnlyMary dijo...

Me ha gustado esta entrada, Sal; no estaría mal que siguieras más veces por aquí...Pero que se entienda, por fa .
Saludos, broth

sallopilig ref dijo...

Vale Houston. Ya digo prometo que daré explicaciones, pero el tema es peliagudo! Es una "naranja" que va a dar zumo durante años.

ISOBEL dijo...

siempre me apasiono la genética, pero no veas el miedo que me da, besos

sallopilig ref dijo...

te intrigaré, isobel, te intrigaré.