18 mar. 2008

Una gran habilidad (44 cuentos)


Una gran habilidad





El centro está cerrado, el sábado es un día dedicado a la corrección de trabajos, preparativos de clases de la semana por venir, y cuestiones personales de todo tipo. Pero no de trabajo. La sala de claustro está ocupada, dos profesores, el director y el subdirector de educación, están reunidos desde la diez. Y va para largo. No siendo habitual, la reunión tiene sentido dada la transcendencia de los hechos que les obliga a dejar su casa. Phil Benedith, el director, ha reunido a Josua Hertz, Evelyn Seers, y al funcionario, Greg Matthews.

Y ha reunido cuatro visiones y posturas diferentes. Josua, como Jefe de la Sección de Artes Visuales, está más preocupado por la incidencia de los hechos en el conjunto de cursos y estudios, que por el estudiante en sí. Evelyn, por algún motivo no dicho, insiste en el apoyo y seguimiento que merece, no cree que se deba perder la oportunidad de conocer a un gran artista. Greg, no quiere problemas. No desea mala publicidad. Teme un mundo al que asiste por obligación, no por deseo. Phil, asiste a todo ello convencido de encontrarse ante algo entre divertido y preocupante, que no ha tenido oportunidad de ver nunca.

Felizia, más bien Felizia d’Assui Ornay, francesa, de 24 años, ingresada en la Escuela de Artes hará dos años, de familia adinerada, con dos hermanos y dos hermanas, tres padres y una madre, nadadora perfecta, atlética, con un coeficiente de 143, un promedio de 9,92 en la enseñanza, ha llamado la atención de los cuatro, de la Escuela, de varios organismos, incluso del turismo de la ciudad.

Todo lo que les reúne brotó a comienzos de curso, en la clase de Ética del Arte, en la que Josua como todos los años, comentó a sus alumnos que "el arte en cualquiera de sus formas y momentos, se queda donde está, como mero instrumento comunicador, y su valor prospera de parte del artista y de quien lo admira". La reacción de Felizia, fue aplaudida por sus compañeros, o casi, no dejó indiferente a nadie: propugnó mucho más poder para el Arte del que Josua le otorgaba. Fue dos semanas después, cuando empezaron a conocer por donde transcurrió sigilosamente la reacción de Felizia.

El primer hecho fue la introducción de un cuadro muy luminoso, entre realista y simbólico, de 8 x 3 metros, en el Sanatorio Mental de Saint George in the Fields, en Hancock (todavía se desconoce a quién acudió para ayudarle a introducirlo): nada le reprocharon, pero llamó la atención que, de 173 ingresados, siendo 42 de ellos graves, 115 leves o medios y 12 graves fueron dados de alta en el Sanatorio en un plazo inferior a dos meses. La inspección de Sanidad solo pudo corroborar la acertada decisión del Consejo Médico en todos los casos.

Además, la estudiante apareció con una colección de cuadros emparejados, alusivos a la ciudad y a otra ciudad del continente, que regaló en 15 establecimientos: en la Prefectura de Policía, en la Estafeta de Correos, en el Ayuntamiento, en la Iglesia Notre Mére Marie, en el Gran Café, en el Hogar del Anciano, en la oficina de Turismo, en la delegación de Comercio, en el ciber-café, en la Comandancia de Marina, en la Cofradía del puerto, en la tienda de frutas de la plaza mayor, en el centro comercial, en la estación de tren y en la Escuela misma. La acumulación de turismo, el lleno total de los hoteles y posadas, el desbordamiento de los restaurantes, la saturación de las líneas de autobús y tren, fueron noticia en los periódicos durante cuatro meses.

No contenta con ello, y al parecer con fuerza para más producción artística, aprovechó el Otoño para podar el bosque de Alruy, a la entrada de la ciudad: creó así un cuadro que se observaba desde la autopista NS-33, desde 52 km de distancia, que describía el conjunto de la ciudad con los colores de las arboledas. La foto se publicó en el Herald Tribune, en Paris Match, en el Sun... Y la policía de carreteras tuvo que desplazar tres secciones a la zona durante dos meses, sin poder poner todas las multas necesarias, ya que todos, camioneros, repartidores, viajeros, comerciales... todos paraban, comían en el arcén, se reunían asociaciones fundadas desde entonces. No hubo... ningún accidente. Solo los propios del Festival que se organizó en la finca de un agricultor que la alquiló a una Agencia de Espectáculos.

Felizia también se introdujo en la Residencia de Estudiantes. Pintó la biblioteca, los suelos de los pasillos, los WC, y dos salas de estudio. Pero no le reprobaron su delito, dado que la Residencia, en palabras de su Directora, ha girado bastantes grados en su ambiente interno: la actividad, el estudio y la declarada mejoría no se oculta a los ojos de nadie.

Otras hazañas tuvieron transcendencia por motivos bien diferentes. La aparición de los muros del viejo y destartalado barrio Legrand, el barrio feo, ha convertido esta zona en una solicitada fuente de lofts, apartamentos, casas bajas, y lonjas de negocio. La decoración con nocturnidad de los quirófanos y la sala de urgencias del Hospital General, se ha saldado con un descenso en el número de anestesias totales, la pacificación del servicio de urgencias, y un descenso en el número de tratamientos con analgésicos y antidepresivos, anotado por la asociación médica en la prensa interna del hospital.

Los cuatro, no saben por donde comenzar a ¿atacar, comentar, analizar? el problema. No saben si es positivo, negativo, una mina de oro, de platino, un crack social, o un “se me va de las manos”. Pero tienen miedo. No están preparados para lo que se les aparece delante. En dos semanas de plazo de preinscripciones a la Escuela, 17.200 solicitudes, provenientes de 121 países, y tres administrativos sentados con los ojos llorosos en la Secretaría del Centro. Las ofertas de cooperación de empresas, van desde la creación de un Centro de Nuevas Artes Futuras con 1.500 plazas, pasando por un edificio de exposiciones de 42.000 metros cuadrados, hasta una Ciudad Universitaria promocionada por constructores locales y 46 Universidades de Japón, Europa y EE.UU.


Y ahí están sentados. No se atrevieron a llamar a Felizia a la reunión. En verdad, ¿en qué dirección ir?, ¿cómo salir adelante? ¿podrían tomar al menos una decisión acertada?

A las 7 de la tarde, cuatro personas abrumadas, no pensaban ir a cenar a casa. No se atrevían a dormir tranquilos.



© lajoyadelnilo, 2008

No hay comentarios: