22 mar. 2008

me duele aquí... (44 cuentos)

Me duele aquí...






Silencio, ruidos solo de zapatos, alguna revista, y el restregar del culo contra el asiento y poco más. El reloj demuestra que cuanto más se le mira, más tiempo falta.

Doctor Eduardo Rodríguez. Medicina General. Horario: 8:00 h a 14:00 h. Y veinte minutos ya llevo aquí.

Se abre la puerta muy despacio... dos minutos así, y ya no sabe uno si va a salir la enfermera o lo hace para fastidiar.

- ¿Dolores Ariston?
Se levanta la tal Dolores, yo creía que vino más tarde y... ah, recoge dos recetas y se va. Bueno, genial. La enfermera me mira a los ojos, y pregunta.
- ¿Juan Aldecoa, es Vd.?
- Sí, voy.
- Pase, por favor (se aparta y por fín entro, por fín).

El Doctor Rodríguez está junto al ventanal de la habitación, en un escritorio claro, despejado y ordenado, no parece que le atosiguen los papeles. Es un hombre un poco mayor que yo. Bigote y barba bien atusados, y una mirada muy relajada. Me indica la silla. Bien.

- Siéntese, por favor. Juan Aldecoa ¿verdad? No le he tenido nunca a Vd. aquí.
- Sí, no suelo frecuentar el médico, estamos bien en la familia, por lo general.
- Bueno, dígame, qué le ocurre.
- No es nada importante, ni urgente, pero he pensado que no costaba demasiado venir a ver si podía solucionarlo. No es nada más que un dolorcillo que tengo en el pecho y en el cuello desde hace poco tiempo, pero molesto, y no logro quitármelo.
- El dolor del pecho ¿cómo es: puede respirar bien, es puntual, en un sitio concreto, general...?
- Todo el pecho, pero en algunos momentos es un punto en el centro.
- ¿Y el dolor de cuello?
- Bueno, se extiende de hombro a hombro, y me cuesta mantener la cabeza un poco, a veces.

Silencio. El doctor revisa el historial de Juan, la enfermera parece no estar, al principio de la estancia, ordenando ficheros.

- Bien le voy a explorar, tendrá que quitarse la camisa, siéntese en esa camilla, no es necesario más.

Bueno, no hace frío. Espero un poco. El doctor me ausculta, su respiración lenta es lo único que existe en ese momento en la habitación. Palpa el cuello, noto algo de dolor. Vuelve a su sillón giratorio.

- ¿En su familia han tenido algún caso de enfermedad de las vías respiratorias, alguna bronquitis, pulmonía, suele tener Vd. catarros?
- No, nada mencionable. Mi abuelo materno tuvo una salud de hierro, dormía dos horas diarias, bebía tres litros de vino todos los días, y jamás tuvo un catarro. A la abuela no la conocí, porque se fue a Venezuela. Mi abuela paterna también ha gozado de buena salud, que yo sepa. Se casó diecisiete veces (y esto en doce años, fíjese Vd, si era alegre y vital la mujer), y sus tres hijos son perfectamente normales. No tienen nada. Y los maridos de ella... pues no lo sé, no sabría decirle si han tenido algo. Mi tío Julián está sano: y eso que, como es artista, vive en una mina abandonada en Orense. Pero no ha sido ingresado nunca. Mi tía Ana María, creo que está bien: ingresó voluntariamente en el Convento Mayor de Reclusas de Nuestra Señora de la Luz a los catorce años, y no le he visto nunca, pero no nos han llegado noticia de ella jamás, en sentido negativo. Y tío Alberto, el menor, ése, ése... ése está bien, ése es un putero (con perdón)... ese vive genial: si no está pedo, está de juerga.

Don Eduardo, escucha atentamente. Los “ficheros” siguen su lenta reorganización.

- ¿Y de su familia directa, sus hermanos, en su casa, su mujer o hijos han tenido alguna vez algún tipo de enfermedad respiratoria?
- No, seguro que no. Nada en absoluto. Tengo una hermana a la que veo muy poco, porque los dos estamos siempre con prisas: cuando viene a casa a dejarme alguna carta que le llega a ella, nos vemos un minuto y no más, y hasta dentro de dos años. Siempre le veo bien. Y mi hermano el mayor, ese no pasa hambre: tiene un restaurante, en Madrid de esos de 24 horas, y cuando le visito para parar a comer, le veo al entrar: siempre está comiendo, ¡fíjese que ahora está en 143 kilos! Da orgullo verle, tan fuerte.
Mi mujer está perfectamente: y para que me entienda, tiene una vida perfecta, lleva un ritmo ideal. De 6 de la mañana a 8 h, hace aerobic y gimnasia; a las 8 h desayuna (solo cereales y thé verde) hasta las 8:10 h; a las 8:10 h sale a hacer footing, hasta las 9:30 h. Luego, se cambia y, a las 9 está en la agencia de transporte y logística hasta las 7 de la tarde. Come un sandwich (integral, por supuesto), y luego se va a clases a las 7:30 y 8:30 de chino y tai-chi. A las 9:45 recoge al pequeño de la school-baby en que lo tenemos, y se va a una reunión de meditación y filosofía con otros amigos, hasta las 11 de la noche. A las 11:15 viene a casa, acuesto al niño y ella comienza a trabajar en el portátil (es que es muy eficiente, gestiona una empresa de contabilidad en red, desde casa) hasta las 2 de la mañana. Luego, para tonificarse, toma rayos en casa, y a las 3 se duerme. Es un ejemplo de salud.
Mi hija Sandrita, no sale en todo el día de su habitación, hace ya ocho meses que empezó a prepararse como modelo, y no para, sus amigos le visitan todo el día, y alguna vez que le veo salir de la habitación, está despampanante, mi hijita... es un Sol.

- Veo que están en su casa siempre en marcha.
- Oh no, somos gente muy relajada, muy tranquila, jamás discutimos de nada, ni por nada.
- Vd., ¿sigue el mismo régimen de comidas que su esposa?
- No, bien, yo, bueno... comemos cada uno por nuestra cuenta y riesgo, cada uno a nuestra hora. No podríamos perder el tiempo comiendo todos juntos. Sería una tontería.

El mundo de los ficheros está más silencioso. Apenas se oye una hoja. El doctor Rodríguez mira el expediente de Juan inexpresivo, atento, concentrado. Apenas seis líneas sin grandes acontecimientos en la salud del paciente.

- Dígame, mantienen Vds., su mujer y Vd., contacto físico durante las horas de la noche, al dormir, y compartirán dormitorio y baño, ¿no es así? Se lo pregunto porque es importante conocer los hábitos
- No se preocupe. No, mi mujer y yo nos consideramos avanzados, y no es por menospreciar a los demás, pero las relaciones sexuales y la conversación sin objeto alguno práctico, son pequeñeces que nosotros abandonamos hace años. Dedicamos el tiempo a desarrollarnos como profesionales, como seres inteligentes, ¿me entiende?... Yo sé que esto entra dentro de un punto de vista bastante filosófico. Pero Vd. es un profesional titulado, y me puede entender, ¿verdad?
- Bien, soy algo más clásico (el doctor mira la ventana inexpresivo) pero todas las opciones son posibles. Debemos descartar cualquier origen laboral como causa de esos dolores, ¿cuál es su profesión? ¿Tiene contacto con combustibles, o productos químicos?
- No, por Dios, soy Asesor Espiritual. Yo ingresé en la Iglesia Global Avanzada de los Pueblos, y a los dos años, tras una intensísima preparación, acabé ofreciendo mis servicios a mis congéneres, que por desgracia, aquí en España, todavía son pocos, como consejero y asesor en lo que llamamos la Conducción Personal de Mente y Vida. Estoy orgulloso de mi trabajo, y le aseguro que es sano. Reconozco que en momentos determinados, es duro intentar canalizar las reacciones brutas y poco avanzadas de los familiares de algunos feligreses, que no aceptan los logros de éstos. Pero lo asumo como una carga deseable.
- Bien, bien.... creo que es suficiente...
En la consulta el silencio es total. La enfermera, lo ficheros, las persianas, todo está mudo. Juan Aldecoa respira tranquilo, sabe que está en buenas manos.

- Quizá les agradaría visitarnos un día en nuestras oficinas, les acogeríamos con sumo agrado. Y, por supuesto, si tienen algún interés en conocer en profundidad nuestra filosofía de vida, les invito calurosamente a mi hogar, donde les expondré las principales creencias y principios que nos rigen, y que tanta felicidad da a nuestros amigos.

La enfermera no llega a oír las últimas palabras. Sale presurosa hacia la máquina de café de la recepción del Hospital.

- Bueno, le agradezco su oferta, pero mi trabajo y familia me tienen muy ocupado. Gracias. Eh... Le voy a recetar un relaxante muscular, y también le recomendaré que realice todos los días un paseo o dos por dos horas en total, con el fin de comenzar a deshacer el estrés que puede estar ocasionándole el ritmo de trabajo y vida...
- Sí. si ya tomo un relaxante, estupendo, y todos los días paseamos dos horas precisamente, en las prácticas de consagración con los Novatos, así que genial, sin abandonar nada, puedo cumplir con Vd. Muchas gracias. ¡Genial!
- Bien, eh... bueno, si está dispuesto, siga esa rutina, y ya veremos en un o dos años cómo le ha ido.
- Me parece bien, eso, eso haré, no me costará seguir las indicaciones. Bien, pues eso es todo, gracias de nuevo.
- Nada, por Dios. Tenga buen día.
- Adiós.

Juan sale de la consulta, con paso acelerado, hacia la Iglesia....
La enfermera entra en la consulta, mirando al doctor. Se quedan mirando ambos el expediente de Juan Aldecoa. Solo tiene 32 años. Todo un ejemplo.

© lajoyadelnilo, 2008


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