15 mar. 2008

la manta mágica (44 cuentos)

La manta mágica




Compré la manta en el establecimiento de Raúl Alejo, un domingo tonto, del que no esperaba gran cosa. Me levanté, me tomé cuatro cafés antes de entrar al baño y ser capaz de mirarme a los ojos comprendiendo quien me miraba en el espejo. Un domingo tonto, como pocos. Después de haber dormido junto a Laura, apelotonados los dos, atontolinados diría yo, después de una noche fogosita, fogonera. Dos horas depués estabamos saliendo de casa, a una calle demasiado soleada, con una caliente sequedad en el aire adormecedora, camino de un café más, alrededor del cual mirarnos a los ojos de nuevo, reirnos de nuestras gansadas, y desperezar nuestros caracteres enrollados el uno en el otro como spaghettis en un tenedor.

La tiendita en cuestión es pequeña, un auténtico alarde de colocación físicamente imposible de objetos en altura, techos, paredes, suelo, mostrador, cajas, puerta, y rincones repentinos entre objetos ya apilados varias veces. ¿Cómo se puede distinguir un objeto en la tienda de Raúl Alejo de los otros miles de objetos que lo rodean en un instante concreto? Fácil, chocando con él, y siguiéndolo con la vista al salir despedido. Así encontré la mantita del diablo, enganchándose en mi hebilla del zapato (y arrastrando tazas diminutas de latón, cajas de naipes, juegos de lapiceros incompletos.... y más, más cositas y cosas.... y cositas).

No tenía un aspecto formidable, ni colores especialmente atractivos, ni un dibujo que pudiera sorprender. Pero.... Ahí está el pero. El pero es lo que explica que la comprase. Laura no se fijó en el suceso, yo sí. El primer momento que volaron los objetitos, al tiempo que la manta se adhería a mi hebilla, creí ver dos iniciales fugaces marcadas en ambos extremos de la manta: una «R» y una «V». Bien, nada excepcional, nada extraordinario, salvo cuando la cogí para recogerla y devolverla a «algún» sitio en la tiendita. Entonces la letrita «R» ya no era una r mayúscula: era una «F», como la F de mi nombre, francisco. Pero, pero, pero: pero ¡ podía ser un simple despiste mío, por tomar solo cinco cafés !.
Claro, al venir Laura, mirando un cucharón de pasta colgado en la pared, tocó ligeramente la manta en cuestión, y entonces sí que la pillé «in fraganti», transformándose por arte de birlibirloque la letra «V» en la letra «L», precisamente la de Laura.

¡Ja!, no me cabía duda, tanto sexo le altera a uno, pero ahora sabía que lo había visto, ¡y la etiqueta decía “2ª mano, 22/2/1922: Ricardo y Verónica”. La compré. Ni idea de qué puñeta podría hacer con ella, pero me gustó el jueguecito, por de pronto bastante fuera de lo normal.

En casa, en casa fue la bomba el primer descubrimiento: ¡Laura, que no podía dormir con facilidad, se quedaba exactamente ida en cuanto nos poníamos la manta encima en el superior sofá de casa, que nunca había valido para ello! Genial. Autenticamente genial. ¡La mantita bochornosa, resultaba mágica!

Ahí no acabó la historia del día. No, no. Jonás, nuestro gato, también durmió en ella, y esa fue la primera noche que no nos despertó subiendose a nuestra cama en plena festividad erótica. ¡Más genial! Porque prometo que los arañazos juguetones, en algunos momentos no son bienvenidos.

Luego, y el día siguiente, y todo el mes, y ese año, y desde entonces estos trece últimos años, la mantita me ha divertido de lo lindo, me lo he pasado genial viendo cómo hace de las suyas. ¿Mancha en el suelo?, manta reparadora; ¿se va la luz?, la manta fosforece verdeazulada; ¿que no llegamos a fin de mes?, mantita por encima y al despertar, la tarjeta no falla; y una heridita..... mantita; polvo en los muebles.... mantita; visitas pelmas y odiosas.... mantita y ¡hala!, con el estómago revuelto a su casita; ¿viaje sin mapa ni ruta?, mantita y .... para qué contar, que días y qué personas conocimos.

A Laurita y Pedro los trajimos al mundo, tras una tarde loca en la playa... con manta, y una mañana muy fría en la nieve.... con manta. ¿Qué más le puedo pedir a una triste manta?

Nada, ¡si nos hace el café todas las mañanas!

© lajoyadelnilo, 2008

2 comentarios:

Magia dijo...

Me ha gustado mucho este cuento, aunque no tanto como el de el manuscrito de Eyeldhin, o Nusa la Navegante, este me ha encantado, pero sólo he leído unos cuantos, ya te iré comentando.
He de suponer que el autor eres tú?

sallopilig ref dijo...

Me alegro de que te guste. De eso se trata. Los hago para poder ser leídos a la hora de ir a la cama, relajarse y quedarse frito. Y que la cabeza disfrute yéndose por cualquier camino.