18 mar. 2008

La conferencia (44 cuentos)



La conferencia.


mountains in india


A nada se parece este calor que sea semejante o comparable. Estamos todos inmersos en una solución de humedad, sol bajo de tarde avioletada, olor de ladera sembrada de hierba baja y espesa, sonido vago de verano ribeteado por el canto lejano de algún pájaro, y los ligeros ecos de nuestra presencia en esta cueva abierta, cuya arena es el dulce asiento, que nos arropa, esperando al maestro.

Somos quince, hemos hablado entre nosotros esperándole, casi todos somos mujeres, solo veo tres hombres. Y las más son entradas en años, sin considerarme yo mayor, estoy en los cincuenta. Rah Teiti debe ser amable y agradable de escuchar: además, cuando se sienta a hablar, lo hace en medio de un círculo, que con el tiempo abandona adoptando la posición de los demás, y logrando que todos se sientan incorporados, en el mismo cuerpo que habla y piensa.

Llegó tarde, (¿hay un “tarde” en la India?) a las ocho y media, abriéndose paso entre nosotros con una sonrisa permanente, y mirándonos con ojos negros, pacientes y contentos. Abrió una estera circular, de la que extrajo un gran termo, y unos vasos diminutos de té. Con las manos, nos envió la invitación, y algunos aceptamos, pero lo hicimos más tarde de lo que imaginaba yo. Nos preguntó al azar nuestra procedencia, diciéndonos a todos bienvenidos. Nos advirtió que no deseaba ayuda económica, ni nada por el estilo, con una risotada franca, pero le gustaría que nos encontrásemos con él silencio. ¡No me volveréis a ver, y a nadie le confesaré nada de lo que se diga! dijo entre muecas de aceptación y cariño hacia todos.

Empezó a hablar muy lento. Y lo transcribo, aún cometiendo algún error u olvido, lo sé. Pero así fue. Habló él pero en cierto modo, hablábamos todos nosotros.

- “Bien, creo que podríais decir si tenéis en vuestra cabeza alguna cosa o cuestión que necesitáis exponer, a mí o a los demás, y si no es así, os advierto, hoy hablaré del Amor”.

Risas, le vemos claro, simpático y cariñoso. Una mujer, cerquita de él, menuda, le anima a lanzarse al auditorio hambriento.

- Si habla Vd. de Amor, le haremos publicidad.
Más risas. Rah Teiti no dice nada. Baja la cabeza, pero junto a sus cejas negras, sus ojos comienzan a enseñar que no va a decir nada que no haya pagado o trabajado.

- “Es una buena conferencia, “el Amor”. Os hablaré algo del amor, que permite verlo sin tragedia, sin énfasis, como un ejercicio saludable, que mejora nuestro cuerpo y nuestra vida. Sus excesos, y sus carencias, de alguna forma se harán nuestras”.

Nos mira a todos, y se prepara para desarrollar su voz, su tono se convierte en un hilo sin tensión, se oye perfectamente en la tarde quieta.

- “Todos vosotros, todos los que habéis visto hoy, quien os ha vendido un billete de tren, y quien se sentará junto a ti, y yo que hablo, todos nos encontramos flotando en un mar, en cuya superficie flotan otros: lejos o cerca, buenos o malos nadadores, buceando o jugando con su respiración. Esto son nuestras posiciones, nuestras actividades, nuestras situaciones. Y el mar está frío una época, cálido otra, revuelto días, calmado, con oleaje o con corriente. No todos sentimos igual esto, algunos tiritan siempre, otros nunca, unos saben mantenerse, y otros se ahogan. Unos son jóvenes, otros viejos. Y estas son nuestras circunstancias.
Y como se mueve la corriente y las moléculas de agua, también nos movemos nosotros: también nos movemos por voluntad propia, aunque eso no evite que sigamos en el mar. En ocasiones, permanecemos juntos y unidos, o jugamos a quitarnos el aire, o miramos nuestras piernas ocultas, o giramos en nuestra vertical. Esto, todo, se suma al mar, a la vida del mar, a lo que ofrece, a lo que nos quita. Esta es la raíz de nuestra existencia, contada como metáfora, sin demasiado detalle ni pretensión. ¡Podría valer para tantas cosas!
No somos conscientes de ello. Por ciencia, por reflexión, por observación, no logramos ser conscientes plenamente de todo ello. Nuestra cabeza, necesita y debe dedicar su tiempo, sus ojos, su corazón a otros esfuerzos. Ser consciente requiere entregarse a serlo de modo permanente. Un segundo basta para perder esa consciencia. Y os pregunto: ¿Ni un segundo dejaríais de olvidaros de este mundo solo por ser perfectamente conscientes? Algún amigo, lleva su vida en ello, y yo no le envidio. Sólo le quiero y le cuido. Empecemos a saber reconocer que no seguimos un camino, ni un trazado, ni es perfecta la huella que dibujamos cada uno con nuestra vida, pero puede haber motivo para vivirla. Bien, eso deberíamos hablar ¿no?"

Establece un silencio, que agradecemos porque en nuestro interior (casi no nos miramos, todos estamos igual de enfrascados en nuestros pensamientos) bulle el pensamiento. Rah Teiti bebe té, concediéndose el placer una sola vez, y retoma su “conferencia”.

- “Ahora, sabido que somos un grano de sal en agua, recordemos sin imaginar ni volver a las metáforas, qué somos todos los días. Si os entrego unas preguntas, al aire, podemos empezar a dibujar con ellas un garabato, y... cada uno que lo termine. Decidme amigos: ¿Habéis olvidado a vuestra madre? ¿A vuestro padre? A vuestros hermanos, ¿cómo les veréis cuando mueran? ¿Guardáis rencor a un amigo de vuestra infancia? ¿Habéis pasado sin tomar postura con alguno de vuestros amores? ¿No será cierto que para amar a alguien forzosamente habéis estado presentes? Si no, no hubiera sido posible. Eso empieza por ser el Amor. La necesidad de que estemos presentes. Si no es así, será otro el que ama. Siendo amados, ¿no os han pedido que estéis, en cuerpo y en alma? Hemos sentido rotos los amores, lo hemos sentido cálidos, los hemos sentido sufridos y enfermos, los hemos visto confusos ¿no es cierto?: de todos los modos, con enfermedades, con fuerza y sin ella, los vemos, pero, tampoco en esto somos conscientes de que están vivos, como estamos vivos los que los hacemos, y así le transmitimos al Amor lo que somos: nuestra salud, nuestro temperamento, nuestro valor, nuestra cobardía, nuestra necesidad... todo nuestro movimiento. Eso es el Amor, si miramos su costura: el hilo que une con sus consecuencias, dos granos moviéndose en el agua del mar. ¿Nunca os arrastraron? ¿Habéis tenido dudas? ¿Habéis echado algo en falta? ¿Habéis callado en la distancia? ¿Habéis agarrado con fuerza? Ahí está el hilo, sin que lo veamos, pero manteniendo la unión, rompiéndose, tirando, tenso o esponjoso. Y puedo daros una idea de lo que no sabemos, de lo que muestra nuestra humanidad, un límite: ¿Todo, absolutamente todo cuanto pueda haber en cada uno de nosotros, lo conocéis? Si lo conocieseis, ¿todo, todo lo que lleváis en vuestra vida, lo habéis entregado? ¿Así se os puede entender? ¿Sois capaces de entender todo de vuestros amigos? ¿Qué os atrevéis a aseverar que no tengáis que desechar después? Algunos vapuleos y bandazos sufre el Amor, porque pretendemos de él lo que no es, porque pedimos en él lo que no puede tener, y así tratamos cada uno de sus momentos: con adoración y, con rabia”.

Rah Teiti quedó en silencio, acercó una tinaja de agua fresca, chapati y rhilab, para comer. Nos encontramos alejados del Mundo, el tono prudente y humilde de su voz, nos hizo escucharle de otra forma. Entonces comenzaron las preguntas, y algunas percepciones personales se dejaron ver.

Fuera, el llano estaba en azul oscuro, un soplo nuevo de aire subía de él, acercándosenos a ras de arena. Apetecía dormir en el banco esterillado de la cueva. Todos agradecimos a Rah Teiti la conferencia. Se dedicó a lavarse al borde del escarpado, y se retiró a dormir una hora después. La noche se hizo mayor, y no nos habíamos dado cuenta.

© lajoyadelnilo, 2008

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