6 mar. 2008

ilusiones y futuro


Konrad Lorenz exponía a través de sus escritos (Sobre la agresión, ese pretendido mal; La otra cara del espejo; Los diez pecados capitales de la humanidad) un pensamiento que es observación y conclusión al mismo tiempo, tras los estudios realizados in situ, en el campo, y tras elaborar sus fundamentos del estudio comparado del comportamiento animal y humano.

Este pensamiento es, a saber: no se puede estudiar, observar y menos aún, obtener conclusiones válidas, si el campo de estudio aplicado está fuera del rango de condiciones naturales (un telescopio necesitará un cielo limpio, sin contaminación; un etólogo necesitará animales sanos, sin "vicios"): esto aplicado al estudio del comportamiento animal, se enfrenta a la técnicas de laboratorio que alteran y vician el experimento hasta convertirlo en un falso experimento.

El pensamiento que guardo desde hace años, y ligo ahora con sus observaciones, es que, como bien dice y como punto de partida, muchos de los fenómenos observables hoy en nuestra civilización, están influidos por las características de la misma, y muy probablemente podemos pensar que no podemos obtener conclusiones válidas puesto que este propio campo de trabajo está ya viciado.

Bien: seguro que lo dicho genera dudas. Aclarémoslo. En dos campo bien diferentes que me interesan por encima de otros: el uso, cultivo y valor de las semillas de las principales variedades cultivadas para el consumo humano, y el estudio, comprensión y tatamiento de enfermedades mentales en nuestra sociedad occidental.

El mundo de los vegetales.

En cuanto al primer campo de interés, la cifra de más de diez mil (10,000) variedades de cereales modificados, alterados, resistentes a plagas, pero cuya composición genética está lejos de las especies salvajes (accesibles a plagas y enfermedades, y por ello posiblemente ricas en compuestos que ya no podemos examinar) puede ser suficiente cifra como para permitir a cualquiera mantener una visión realista del grado de modificación y/o alteración efectuado sobre estos recursos que hemos realizado, que por otro lado afectan a nuestra nutrición, y nos aportan las sustancias (todos los compuestos asimilables) que, o bien llevaban en su interior, o bien llevan ahora en su interior.
Añadamos a esto, una cifra suave, menor que la real: en todos los ámbitos de nuestra vida, y por supuesto en la agricultura, "circulan" más de cien mil (100,000) sustancias químicas
sintetizadas por el hombre, introducidas en forma de protección, genes, antibiótico, o residuo. ¿Esperamos encontrar las propiedades y la interacción de estos alimentos con nuestro cuerpo intactas?


El mundo de nuestros comportamientos.

Más difícil resulta hablar de lo interno que de lo externo. Obvio. Pero mirando nuestra forma de vida, no es difícil comenzar a adivinar el grado y el carácter de las alteraciones que nuestro desarrollo personal, dentro del modelo de vida occidental, puede tener a la vista de algunas marcas propias de nuestra vida modelizada por el salto económico. Pensemos, en principio, en qué grado se cubre en nuestra vida la necesidad de contacto humano en las primeras tres etapas de nuestra vida, de convivencia, aprendizaje, en el seno de la familia, en la misma interacción madre-hijo. Pensemos en el bagage de conocimientos, de juego adquirido en la infancia, de relación con elementos completamente naturales, con situaciones totalmente necesarias y naturales, que han desaparecido para todos los humanos que desarrollan su infancia en el interior de una ciudad, entre vehículos, paredes, televisiones, sin que exista relación entre estos objetos que les rodean, y la natural preparación de nuestro cerebro y programa genético para otros objetos. El ritmo y actos diariamente desarrollados por cada uno de los adultos en este modelo de vida, se aleja con mucho de aquello para lo que nuestros genes están preparados, y menos aún cuando se ven sometidos a un alargamiento de la edad hasta los 70-80 años. Así, ¿podemos creer que, intentado comprender, observar, estudiar, aquellos que de forma más o menos objetiva, encontramos enfermos, el resto de los humanos que formamos el grupo total, somos un grupo de control completamente limpio, sin vicios, que puede ser referente de salud mental? Anoto la observación de Jan Foudraine (Un psiquiatra en busca de su profesión, Barcelona : Ediciones Península, 1975): "la enfermedad no empieza en el paciente, más bien acaba en él".

Y esto es lo que sospechan, respecto del comportamiento y su comprensión, autores como George B. Schaller (The Mountain Gorilla: Ecology and Behavior. Chicago: University of Chicago Press, 1976), Jane Goodall (In the Shadow of Man Boston: Houghton Mifflin; London: Collins, 1971), Bruno Bettelheim (La fortaleza vacía, 1967; El amor no es suficiente, 1950), o Alexander Sutherland Neill (Summerhill, 1977).

Próximo paso (inminente): desarrollar estas dos vías de trabajo. Empezaré aquí a reagrupar todas las herramientas y "mapas" de conocimientos.

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