16 mar. 2008

Rodolfo Mateosí, el pésimo escritor (44 cuentos)

El pésimo escritor.



Rodolfo Mateosí es un escritor a sueldo de las compañías publicitarias, de bodegas, corporaciones, incluso de cámaras de comercio que le pagan moderadamente por preparar, revisar y retocar los textos que necesitan: eso sí, en cuatro idiomas: inglés, árabe, chino e indí. No ha logrado ser un escritor mediocre, ni menos aún afamado, ni tampoco un escritor técnico, porque se ha ganado el desvío de los clientes, gracias a su, diría yo enérgica, capacidad para liar enredos gramaticales, sintácticos, entre lenguas, o entre palabras.

En 1982, su primera gran hazaña traductora - hecatombística - tuvo lugar en un congreso entre mandatarios chinos y y árabes, cuyo objeto era afianzar las relaciones comerciales entre las 20 grandes familias árabes y las dos ramas chinas de comerciantes en Arabia, dependientes del Gobierno Central. Una respuesta de Abd-al Afdzhiir a su homónimo Sen Ahuang You que debía significar “todas las cámaras de comerciantes de Arabia estarán contentas si deseáis visitarnos y probar nuestros productos, os recibiremos con los brazos abiertos y las mentes dispuestas”, por obra y arte de la mente veloz y cabalística de Rodolfo Mateosí, acabó significando “si osáis acercaros a vender vuestras baratijas, nuestras gentes se mearán en vuestros antepasados y en 100 generaciones venideras”. El congreso no fue un éxito.

Años después realizó un manual en tres idiomas, para una compañía naviera, la AWC, Atlantis World Corporation, que posee (perdón, poseía) 322 navíos de carga y pasaje por todo el mundo. Dado que las tripulaciones podían estar compuestas por marinos de todos los lugares del mundo, solicitaron el manual a Rodolfo Mateosí en inglés, chino, árabe, francés, español, alemán e indí. El Alemán y francés fueron trabajo de su colega Marta Abel García, el español no tuvo mayor importancia para él que la pura revisión. El resto fue el origen de lo sucedido: la mezcla de los vocablos latitud, longitud, deriva, rumbo, entre los cuatro idiomas que trabajó, resultó en la desaparición de 93 buques en dos meses, y el hundimiento de otros 42, en un año, sin que se sepa hoy donde se encuentran ninguno de ellos.

Lo más fatal del trabajo de este escritor ha tenido lugar el año pasado en el Monasterio Císter de Blancs sur les verts, en el Noreste de Francia. Este monasterio, posee una biblioteca prácticamente catalogada e incluso digitalizada según la moderna tecnología que conocemos hoy, pero todavía guarda entre sus piezas impresas algunos manuales, códices, incunables, y originales libres no encuadernados, procedentes de dos palacios chinos de la región del Yang-Tsé, de Petra, de la ciudad india de Abu Dhabi, y de una vieja iglesia parroquial gótica de Leicester, de origen diaconal desconocido. Estos lugares tenían todos en común el contenido de los libros rojos apaisados encontrados en todos ellos, de fecha de edición muy aproximada (44 d.C., 43 d.C.) que fueron recogidos en el Monasterio tras pasar veinte largos siglos, encontrados, y apuntado este detalle coincidente por Francois Demeraux, un monje con 32 años en el Monasterio. Francois tuvo un recibo y distinción con el Abad, en la noche del 24 de Octubre de 1992, explicó a éste la existencia de similitudes sintácticas y de significante entre los textos paralelos, y le comunicó el interés de averiguar e investigar adecuadamente qué valor podía encontrarse en ello.

El Abad le sugirió acudir a Rodolfo Mateosí, para lograr de él, la unificación de los textos una vez traducidos, y así, poseyendo todos en una sola lengua, reconocer ante qué tipo de texto o herencia se hallaban.

Rodolfo acudió el 22 de Noviembre a Blancs sur les Verts, a las cinco de la tarde comenzó su trabajo, y también su más desastrosa traducción. El 25 de Noviembre a las seis de la tarde entregaba su trabajo a Francois, en presencia del Abad. Este le agradeció, durante la cena, su trabajo, le entregó el cheque por importe de sus tres días, además de un Herbolario judío muy antiguo, pero de edición reciente, revisado en el Monasterios por el mismo Abad. El 26 de Noviembre, Francois Demeraux comenzó la lectura del texto unificado, desconociendo que los vocablos indís, árabes, chinos e ingleses, que correspondían a tres momentos y tres personas de la historia, estaban erróneamente ordenados, por obra de la singular traducción de Mateosí. Menos sabía que la lectura del texto en voz alta, fue la causa de que tres minutos después de leerlos, su cuerpo se volatilizara sin desprender calor alguno. En ese momento entraba por la puerta Albert Figeon, ayudante de la huerta, que acudía a leerlo también a la llamada, llamada que, en realidad, Francois, nunca había emitido. Comenzó a leer el texto en voz alta, corriendo la misma suerte de desintegración que Francois, en un tiempo de 24 horas, al tiempo que entraba Pierre Pascale por la puerta a la llamada nunca emitida por Albert. Y leyó también.

El 2 de Diciembre de 1993, no se conocía con exactitud cuantos monjes o visitantes habrán pasado ya por Blancs sur les Verts, pero sí se tiene constancia de que fue el último paradero de 213 monjes; 43 repartidores de alimentos, aceites, y ropas; 323 turistas alemanes, franceses, ingleses y estadounidenses; 12 inspectores de Hacienda; 3 comisarios de policía de la prefectura de Mont Blanc; Hugue Harmot (el tonto del pueblo); un instalador electricista; el coro clásico de voces mixto Harmonium Umte de Leipzig y dos paisanos del monasterio. También es cierto que desde la difusión de una reseña turística de Europa en un folleto chino, se calcula en 24 los millones de chinos que han trasladado su calendario al árabe desde dicho trabajo publicitario.
Rodolfo Mateosí vive en un edificio de 6 plantas y 3 manos, maldito, sin buzones ni portero automático, en la calle de Albéniz, número 33, en Madrid. Y no paga una factura de luz ni de agua, ni de teléfono... las pagan sus vecinos sin saberlo.


© lajoyadelnilo, 2008

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