8 mar. 2008

el poder absoluto, sin batalla



No somos todopoderosos, ni completamente libres, ni capaces de todo. Hay partes de la vida en las que casi nada podemos, algunas veces nada. Algunas prisiones humanas, no pueden ser destruidas, solo contempladas. Solo podemos acudir a ver cómo la oscuridad y el ácido arrasan todo cuanto encuentran a su paso.

Conocí la enfermedad prepotente, impasible con nosotros, arrolladora, con un familiar, y los años no borran ni una letra de la enseñanza. El cáncer se presentó sin permiso, sin educación, tirando por tierra cuanto necesitamos los humanos. No hay preparación, ni trámite, ni escuela para aceptarlo: el día a día te enseña qué y cuánto somos, cualquier bobada se diluye inconsistente ante ello. Ironía: los que quedamos apreciamos más la vida, la vivimos más, la vemos en cada palmo. Más que una lección, es un órdago a nuestra prepotencia.

Otras lecciones, otras enfermedades, se presentan de otra guisa. No matan a nadie, lo dejan vivo, y permiten que veas en vida cómo esclavizan su vida. Es lección peor, no existe el descanso, no hay "mañana ya pasó". Son para toda la vida. Se apoderan de la riqueza de la persona, dejando solo un torbellino de sin sentidos. Por si tienes alguna duda, se muestran en todo su esplendor, para que no olvides nunca que son poderosas. Cuentan con el abandono social, como protección y refugio. E ironía de nuevo: sabes que nada podrás hacer, solo contemplar. Y vivir queda para ti, nuevamente.

Conocer el absurdo origen, aún hace más agrio contemplar el dominio sobre la vida de una persona.

Ante ello, lo habitual es la postura de "si me toca, entonces veré". Es imposible encontrar quien se haya parado a pensar en alguien más, a demás de sí mismo. El chiste por contra, es frecuente.

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