19 mar. 2008

Cuéntame un cuento (44 cuentos)


Cuéntame un cuento.



Mark Smith




En la habitación, Elsa afina el mantón blancoazulado de la cama de Otto, a la par que le envuelve bien, sin dejar que el mínimo frío o soplo de la noche resfríe al pequeño. Le coloca a Bolobo, el oso larguirucho de peluche, como almohada.

Elsa abre el libro de cuentos, comienza leyendo despacio:

« En una casa del bosque, vivían Mira y su hijo Asuel, cuidando dieciséis ovejas, dos vaca jovencitas y una huerta grande, que cruzaba el río 200 metros. Por el día, Mira trabajaba la huerta, al tiempo que Asuel, responsable y mirando de tiempo en tiempo de reojo a su madre, cuidaba y jugaba con el ganado, que le conocía bien: todos se dejaban llevar por Asuel confiados. Por la tarde, Asuel y Mira trabajaban en la trasera de su casa, en una mesa de grandes dimensiones, tejiendo camisas, remedando algún zapato, labrando alguna herramienta sencilla, limpiando tierra, revisando las semillas almacenadas, para cenar a la noche cansados y habladores los dos. En la cama, ella se detenía en arroparle, cerrando bien las sábanas a su cuello, para después contarle un cuento que decía:

... y Elsa, vió como su hijo Otto se fue haciendo un chiquillo, al que se le quedaban cortos los pantalones, las camisas, los buzos y los mocasines, que iría ese primer otoño a la escuela, a aprender un oficio de provecho. Y se enternecía recordándole chico, creciendo solo con ella, sin más amigos que los azores amaestrados, el burro y los arados con que labraban la finca. Siguió leyéndole el cuento, a sus dieciseis años, que decía:

... la hija de Mira se hacía pequeña mujer a los ojos melancólicos de su madre: Asuel comenzaba a hablarle a su madre de otra forma, con amistad y complicidad, le revisaba los trabajos, y a veces se quedaba al final de la huerta contemplando sola la costa del mar, allá a lo lejos, bronceándose con la brisa llegada. Mira preparaba ya la ropa para la escuela de Asuel, pronto, en Otoño, la perdería por las mañanas, cuando se encontrase con sus nuevos amigos. A la noche, siguió contándole un cuento, que decía:

... entretanto, llegó la carta, que alegró tanto a Elsa: Otto era aceptado en la fábrica en la ciudad del norte. Elsa veía ya, pese a perderle ya, como sabía tendría que ocurrir algún día, a su Otto dirigiéndose en coche a su nueva vida, a su nuevo trabajo, a conocer otras gentes, a pasear por el mundo moderno, a conocer el tren, y ... a escribirle a ella cartas una vez al mes. Su hijo se iba, quizás conocería una mujer, quizás se enamoraría, pero eso era ya el destino de él, no el de ella. Ese día le contó, riéndose, un cuento de la infancia, que decía:

... a la tarde, llegó a su casa un mensajero de la Escuela de Danza del Principado: llamaban a Asuel a sus clases, para internarla y formarla como bailarina. Mira, emocionada, por el futuro de Asuel, y por llevarla lejos, y guardarla cerca, pensó que ese día era el principio de la vida de su hija como mujer: amigas, locuras, escuela, y quizás algún hombre, rodearían la vida de Asuel. La perdía, la añoraría. Al anochecer, cuando la emoción dió paso a la tranquilidad contenida, Mira le contó un cuento de la infancia entre risas, que decía:

... A la mañana, Otto se alejaba, con los dos besos en la mejilla de Elsa grabados en su mente, dirigiéndose a su vida, libre y sin conocer el destino. Elsa, después, sola, revisando todo cuanto le pertenecía, releía un viejo cuento que le contaba de pequeño, que decía:

... Así se despidieron Mira y Asuel, abrazadas, llorando una lágrima cada una, sabiendo que eran dos mujeres, madre e hija. Después, Mira releía en un libro:
... y todos los días Elsa releía un libro que decía:
... y todos los días Mira releía un libro que decía:
...»

© lajoyadelnilo, 2008


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