19 mar. 2008

Carta a Irina (44 cuentos)

Carta a Irina





Teniente León Sesdrienich. Módulo Zenith 2,
Órbita 2/12, a 13,000 millas de la superficie terrestre.
13 de Abril de 2012.
A Irina Kapatotleva. Sdursk , Georgia.

Querida Irina:

Esta vez escribo con una gana y un deseo diferente. Sé que lees todas las cartas, pero ésta, verás que tiene algo de mí que no podía haberte dado antes. No mires lo que escribo sospechando que pueda estar bajo un estado alucinatorio, o sufriendo el efecto del aislamiento y las condiciones físicas de la nave. No es así. Llevamos cumplidos menos de la mitad de los días de la misión, 132, pero han sido de gran intensidad, y cree que, el poco tiempo que tengo para pensar tranquilo en mí, ha sido suficiente para mezclar pausadamente todo cuanto ocurre ahí, en casa, y todo cuanto veo aquí, en el negro limpio del espacio.

Irina, algo tiene el ver todos los días, incluso cuando la miro de reojo, la bolita azul, blanca, negra y rojiza, donde estás tú oculta, donde estáis todos como si fueseis microbios. Todas las páginas de nuestra vida, nuestro romance, la boda, los días en Nersk, el nacimiento de Basili, tu entrada en la escuela estatal, todo, todo, lo veo ahora como un hilo de sucesos que casi no había apreciado, que no había conocido bien, y ahora se me multiplica a los ojos por mil, ahora que comprendo desde aquí que, no se oye ni se ve pero tu corazón de mujer, es lo que hace posible todo lo que veo, sin oírse, y sin verse.

La diferencia entre lo grande y lo pequeño, está, en que lo pequeño explica necesariamente todo lo grande que pueda ver: sin ello sería impensable. Sin tus detalles, sin tu inteligente silencio, tu esperar y aceptar decisiones que pueden no haberte gustado demasiado, tu firme calor con el niño, tu constancia en la escuela, transformando la actitud de tus compañeros, y tus cartas tan tranquilas y llenas de reflexión sencilla, solo pueden hacerme disfrutar más cuando miro este panel, y veo la Tierra, y comprendo cómo se mueve las cosas grandes, porque hay debajo, invisibles, cosas pequeñas.

Me sorprendo en momentos, pensando porqué realizamos los complicados experimentos que subimos aquí arriba, porqué dedicamos el tiempo a escudriñar, investigar, mirar, grabar, escuchar, al negro distante, sin dedicar ningún esfuerzo por contra a mirar en la maravillosa magia que existe en el entendimiento, en la comunicación, que tú, me has enseñado a mantener y a hacer crecer.

Te doy las gracias por hacerme reír cuando vuelvo, con cosas triviales, que impiden que me olvide y me desgaje de lo más esencial de esta vida. Y te doy las gracias por obligarme a meterme en la cocina contigo, a sufrir por mi falta de soltura con los fuegos, y con la plancha, y ver cuán necesario es todo ello para mí. Te doy las gracias por hacerme el amor solo después de asegurarte que estoy de verdad, que no tiemblo, que no me distraigo, y que no tengo la cabeza en ningún laboratorio. Te doy las gracias por contratar a dos profesores, romper las normas, y dar vida a esa escuela, y permitirme ver pasión en el trabajo, fuerza y sentimiento. Gracias por llorar como lloraste cuando Basili estuvo en cama, y sentir que llorabas por mí, y me conocías.

Tenemos prohibido el uso de pinturas, pero en el panel exterior, he marcado tu nombre y el de Basili con lápiz de aceite: así, cuando sobrevolamos nuestra Rusia, me parece por un momento que os veo, os oigo, y casi hasta os cojo de las manos.

Con todo mi amor, tuyo, volando de orgullo, León

© lajoyadelnilo, 2008


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