21 feb. 2008

con pan, o con sal...



Es obvio que esta situación, el encuentro y convivencia con una persona bipolar, te afecta. No sería pensable otra cosa. Y lo sabes, pero debes intentar (que no pretender conseguirlo siempre) en todo momento aguantar el tirón que supone su trato y sus reacciones, sus oscilaciones, la ambigüedad, todo aquello que le come interiormente... con el sentido de la realidad, y la percepción clara de que no es culpable de su comportamiento, no tiene control consciente, y necesita una paciencia infinita de tu parte, mucho tiempo, un cuidado exquisito con cada palabra y cada gesto, incluso requiere que te retires si esto es preciso o recomendable.

Duele, profundamente, y genera una sensación de vacío asistir como espectador impotente a todo ello, que no se olvida con facilidad. Pero se debe tener presente que, quien realmente vive en un torbellino inestable, donde no se puede asentar nada, es esta persona. Quien está encerrada en un ciclón de vaivenes es ella. Y si deseas que algún momento comience a poseer la oportunidad de tener consciencia, aceptar la relación de consulta con un psiquiatra, reconocer el diagnóstico, asimilarlo, y aceptar un tratamiento y un control, debes dejar por el camino todo deseo de encontrar ya hoy a esta persona sana. Es preciso tragarse esto, con pan o con sal, como sea, pero es el único camino que posee, y el único que precisa que le dejen.

Ves que teme los medicamentos, sus efectos, pretende controlar su estado independientemente, sin apoyo externo, que intuye (que no es consciente al 100%) sus cambios, sus períodos de subida y bajada, pero desconoce el motivo real de tantos problemas que se le originan. Realmente no es consciente del motivo original. Y esto es una barrera al autocontrol.

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