25 feb. 2008

Traidor corazón que no callas, ahora hablas (44 cuentos...)

Aquí te dejo uno de ellos, aunque el conjunto deba estar unido y editado.


(31)

Traidor corazón que no callas, ahora hablas .

En la habitación de Salina, la luz de la mesilla, la radio sigilosa y distante, el ligero temblor del cristal de la ventana, que le trae el paso de los vehículos, es lo poco que a su alrededor se mueve, cuando escribe, absorta, unas líneas que nunca había escrito, que dicen:


Traidor corazón, que no callas

Ya habrás borrado las imágenes que, presentes sin permiso
te detienen y vapulean cuando se plantan en ti,
recuerdos ingratos invitados gratuitos
que nos azotan con su información.
Y todavía, habrá más.

Borrarás los detalles, los objetos y las marcas del paso,
desterradas serán de tu vida, del momento actual,
de todo rincón, o del espacio entero.
Habiéndolas anulado, siendo duramente exorcizadas
pese a ello,
todavía habrá más.

Habrá palabras, frases, respuestas y preguntas,
lo dicho sin querer, lo oído al vuelo, lo escuchado
sin saberlo, y profundamente grabado

habrá todo lo transmitido entre las mentes, entre los
preocupados corazones, o los alegres corazones.
Y habrá, algo más claro que habrá.

Estará ése pensamiento que no hemos escuchado todavía
ese rumor propio que no nos hemos conocido nunca,
estarán pululando las insidiosas oscuridades con que nos
castigamos, por no poder sernos fieles,
y estarán tantas pequeñas estrellas de sensaciones que matamos...
Y habrá más. Aún tendremos más.

Tendremos la razón para matar las imágenes
y la razón para desplegar campos de silencio
y el motivo para alejarnos, correr, mostrar nuestro más duro rostro
desenvolver nuestra superioridad, nuestro despego, hasta desprecio
¿Quién lo duda, que todavía habrá más?

Ni aún entonces, ni habiéndonos despojado de todo lo anterior
estaremos libres de la consciencia, o inconsciencia de
haber dado la espalda a todo, y con ello a nosotros mismos.
De haber hecho el gesto adusto, de afirmarlo alrededor
y sentirnos seguros. Pero estaremos igual.
Habrá un resto.

Restará al final algo que no es excepcional ni divertido,
ni querríamos hacer público, ni podemos mostrar.
Algo que, un día tonto, a solas, en una tarde de distracción, cuando nuestra
defensiva muralla de razón se encuentra dormida, y estábamos olvidados
de todo, de aquello, de entonces, del ayer, de nosotros mismos...
se presenta sin un ruido. Sin llaves para entrar.

En diez segundos de una tarde de nuestra vida, se presenta
y nos habla a solas la voz que nos lo explica todo, hablamos con nuestro propio ser
y vemos que habla, por encima de toda la metralla, las armas, y los miedos
que se han ido desgastando conforme han hecho su trabajo de, enterrar
y enterrar
lo difícil de intentar compartir esta Vida.

Esa tarde, estando todas las defensas desgastadas,
estando la voz con nosotros hablándonos por nuestro nombre
y en nuestro nombre,
por fin, nos conocemos.

Esa tarde, entonces, sí que ya no hay nada
más que nuestra voz que habla, y sobrevivió profundamente
sin aire, sin espacio,
todo aquél tiempo que nosotros la enterramos.

¿Hubiésemos tenido el valor de enterrar así
la palabra de un niño?

© lajoyadelnilo, 2008

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