Una mente crédula (…) encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuanto más extrañas son, más fácil le resulta creerlas; pero nunca toma en consideración las que son sencillas y posibles, porque todo el mundo puede creerlas (Samuel Butler)

¿Y cómo vivir mejor que a la luz del Sol?


20/02/2012

llanto del farero Juan Silencio

Llanto del farero Juan Silencio

dedicado con afecto a Carmen R.,
quien me ha enseñado lo que no deseamos aprender si no es tras aplicarse mucho:
que todo, no se puede.
;)



Yo soy dueño de mi vida,
y para eso hago mis cuentas, hago mis labores, cuido mi piel, y lavo mis manchas. 
O eso creo. O eso creemos y dormimos como niños.

Un día o una noche, cuando nada coincide con el tiempo que hace ese día, 
cuando nada hay que lo decida, encuentras tu equivocación, 
con esa frialdad que muestra algunos días la vida.

Una persona cae: tú en ese páramo lo ves, no te llama nadie a verlo,
pero ese tiempo debías estar ahí, y verlo, olerlo, escucharlo, probar el sabor, digerirlo,
y al final del suceso vomitarlo.

Ya estoy viendo que no tenemos la llave de nada, no existe en nuestro mundo interior. 
No hay puerta ni aldabón que llame a nadie, ni avise, ni alerte. 
A veces una persona tiene el corazón ciego, porque otra también lo tiene, pero no sabe que de ello es esclava. 
Y dice madre, cuando debiera decir señora,
o dice hija, cuando debiera decir esclava.
¿Y quién más que yo lo dirá, si nadie lo quiere, y está prohibido?: 
solo cuentos de hadas, solo bellas palabras, solo historias envidiables.

Si no deseas saberlo, entenderlo así, 
puedes buscar una mesa y una silla, papel y lápiz, sombra y luz,
imaginar y dibujar la llave y su cerradura pintarla y comprobar que será útil.
¡Y cuando acabes seguirás sin tenerla! Ni puerta, ni cerradura, ni aldabón, ni voz para la alerta.
¡Esto sería como ver el patrón mirando hacia altamar,
y su barco ya cayendo a las tripas del Maëlstrom!
Y llorando, solo verle desde tu faro. Tú no tienes faro.

¡No mires con terquedad al incendio!
¡No levantes el cubo de agua!
¡No cortes rama, ni grande ni pequeña, no viertas arena en la llama!
Si el fuego lo desea, el bosque será su alimento hoy, y de nuevo mañana,
y habrás acudido al festín de un calor excitado, que dejará ver las cenizas ahí donde vivía el bosque.
No tienes agua, no tienes hacha. 
Si el fuego quiere, no tienes nada.
Dolor de farero.

Eso es ser valiente: limpiarse los ojos, aceptando sin rechistar cuanto veas,
oír, oír y guardar silencio, mientras alguien caiga,
sin interrumpir, respetar que nada es tuyo, ni suyo, 
ni siquiera la oportunidad de avisar al que cae.
Eso es ser valiente, valiente con nada en tus manos: 
saber asistir a la la llegada de una fuerza cualquiera que se lo lleve todo, 
que abate a un ser, tan grácilmente como cae un barco en la nada o como pierde toda su piel al árbol alto.
Tú ¡nunca eres dueño de la suerte!: 
un año aprenderás que alguien cae porque la vida lo impone;
otro año aprendes que alguien cae y desaparece en silencio. 
Otro año no sabes qué, pero podrás ver caer otro árbol.
En tu invisible estómago, en tu garganta, y en todo lo que rodea a tus ojos, 
se puede agolpar todo el ácido del mundo: al llorar sabrás su gusto. 
Tu llanto tienes, pero no tienes más. 
Sabes, y comprendes, y aceptas, y admites y cumples, 
y algo reniegas pero todo esto a la vez lo haces, sabiendo que nada eres ante ello.

El amor, la pérdida, el olvido, son compañeros posibles. Los comprendes, los aceptas. 
Pero ser espectador de piedra es llorar en seco, es perder aliento, y gana, y fuerza.
Es vértigo,
y es un vómito inhumano,
es la cueva más negra y más grande y silenciosa que puedas haber encontrado. 
Nadie habita en ella.

Así son tus manos de feas cuando nada tienes, como siempre, pero debes verlo. 
Así es la vida: imparcial. 
Así es la voz: muda en el incendio. Poco importa quien caiga, sea quien veas caer, seas tú quien caigas.

No tengo la palabra en mi boca que me aliente, o que me serene. 
Necesito... ¿qué necesito? Necesito una costa larga y oscura. 
Quiero que sea rocosa e intransitable. Podría ser una costa escocesa, o finlandesa, fría, fría. 
Y con acantilados enormes, acercarme de noche cuando todos duermen, 
cuando nada se oye, y nada queda. 
Que sea una noche ciega, una noche que nadie conozca, una noche estricta: sin estrellas, sin alma.
Respirar, respirar mucho y fuerte, que sea fuerte: llenar uno y otro pulmón de frío y helado aire, 
con sal y tierra, mezclando con furia el dolor interno, y la medicina marina. 
Coger aliento y ese aire frío, tan adentro como pueda cerrando los puños, 
arrodillándome frente a la sal y la marea...
Y echarme a llorar en ese vital momento, en ese preciso momento sin haber soltado
ni un suspiro, 
sin alejar el dolor, derramándolo muy, muy cerca, 
en las piernas, en el pecho, en las manos,
por toda la piel, por toda la cara, por los resquicios que queden abiertos, 
crujiendo la rabia, pisando con los dedos la hierba. 

Y estúpidamente maldecir la vida, y también estúpidamente difamarla, 
convertir lo bello en feo,
echarle en cara en silencio tu impotencia, 
querer romper lo irrompible, 
y buscar cuántas horas hacen falta y hasta dónde arrastrarte en tierra, hasta lograrlo: 
hasta agotar el fuelle, hasta vaciar el sucio caldo del llanto. 
Para no olvidar dónde y porqué lloras.
Nada ni nadie podrá pedirme que me levante: me levantaré cuando la vida así lo indique, 
y así lo hable. 
Somos un tono, un timbre, el Si de alguna melodía que no habíamos entendido. 
Y no podemos ni evitarlo, ni romper la cuerda, debemos sonar toda la vida.

28/01/2012

a la luz del Sol


Hoy he añadido una coleta al pelo del blog: ¿Y como vivir mejor que a la luz del Sol? Pues sí.

    Llevaba un larguísimo período de tiempo en el filo de cortarle las alas a este blog, y dejar que se estrellase en tierra, pero mejor es obligarle a aterrizar. Después habrá tiempo para cortarle el cuello si es preciso. Las ganas de hacerlo se deben a que no lo considero importante, porque prefiero la comunicación directa, porque no tenía ganas de escribir nada, porque tenía mucho trabajo que hacer en horas de estudio, y por más motivos menores. A todos nos ocurre alguna vez, y a mí también. Seguro que entre los motivos, sea importante o no, existía uno buscando el sitio que le corresponde, el más serio y radical (de raíz): la decisión de mandar a freír espárragos cientos de intereses sin ningún interés, y volcar solo aquello que ciertamente considero imprescindible. De momento, y al inicio de la limpieza, estoy medianamente satisfecho con la limpieza que he realizado: han desaparecido cientos de bobadas.

    La verdad acaba siendo que poco me importa si parece muy serio, o muy trascendental, o categórico cuanto desee escribir. Pero ¿qué otra cosa merece la pena decir y compartir sino lo que  de verdad se piensa y siente? Por primera vez en mi vida, deseo decir algo no por compartirlo, sino por que así lo siento. Veo pasar frente a mis ojos de forma continua, permanente, incansable, siempre la misma cantidad de tonterías, rabietas por cosas que no tienen valor, prisas y esfuerzos, enfados y soberbia por cosas que únicamente dejan vacías a las personas. Y al mismo tiempo, se quedan solas y enterradas las poquísimas cosas que realmente valen, las únicas con que nos despedimos. Y son poquísimas, todas las que tenemos el lujo de poder cultivar y conocer. No entiendo como sigo siendo un optimista, que creo en estas cosas. Cada cual podrá poner un ejemplo de estas "cosas" válidas, en este espacio              , siempre llega un momento en que las conocemos.

    Tengo una suerte que me ayuda en ello. Como me gusta escuchar y hablar, siempre hay personas que cuentan sus asuntos e intereses desde perspectivas de la vida que yo no conocía, las suyas. Resulta más importante escuchar perspectivas personales concretas, prácticas, pero individuales antes que generales y sin nombre propio. No tienen porqué ser las mejores, ni siempre acertadas, pero a veces hacen vibrar el asunto con el timbre y nota que realmente le pertenece. Tras ello uno acaba aprendiendo algo y viéndose inclinado a cambiar alguna actitud, lo cual es de agradecer. Más valioso me parece el hecho de contar y escuchar, eso sí es valioso, más si no lleva a ningún lado, pero proporciona satisfacción por poder hablar, poder expresar, y poder ser escuchado. Y es que, en cuanto alguien necesita hablar, hay afectos, hay actitudes.
   
    A veces conocemos a quien no tiene por mundo más que unas decenas de metros a su alrededor y obligaciones para con las cosas que posee: un limitado territorio o feudo es su mundo, reune sus necesidades y sus intereses: pueden ser encantadoras personas, pero su vida no suele trascender a la vida de otros. Lástima. Han completado una burbuja invisible de cristal, dentro de la cual viven seguros (o eso parece) hasta el final de sus días, cuando este toque. Otras veces, con menor frecuencia, tienes relación con personas que diariamente viven en un mundo mezclado con las vidas de otras personas: en ellas cambia el color de su territorio personal. Yo les identifico de lejos. Nunca llaman la atención, les resulta fácil atender a las cosas básicas y sencillas, están contentos (que no eufóricos) con sus propias vidas y problemas, se ríen o se enfadan siempre sin exageración, y siempre tienen trato con otras personas por el placer y bienestar que este produce en ambas partes. No les cuesta el mínimo esfuerzo hacer su vida con todos los problemas que todos podamos tener, y pocas veces les podrás encontrar con una mentira encima. O ninguna.

    Eso es vivir a la luz del Sol. Concretamente pienso en quien está a diario con personas que llevan encima una dificultad física importante, y con alguna persona discapacitada, y se expresa así: “no les ayudo, sencillamente hago lo que debería hacer todo el mundo, les respeto, no les ignoro; eso les importa más que la asistencia”.

    He estado realizando una limpieza de material mental que, o es chatarra, o no tiene sentido, o es un sinsentido, o supone algún tipo de evasiva, mentira, ambigüedad, ridiculez, contradicción o clara falta de respeto a la inteligencia de los demás, y a la propia. Y las cantidades ingentes que salen del almacén mental colectivo verdaderamente llenarían nuestros populares campos de fútbol.

    Una de las chatarras más insidiosas, plagada de garfios con los que pretende persistir agarrada al día a día y no desaparecer, es una excusa logradamente cimentada, que debiéramos perder cuanto antes por el camino: “total, todo va a seguir igual”. Esta excusa es útil para lograr el objetivo de evadir cualquier cambio en nuestra actitud. Es helador ver cómo el “total, todo va a seguir igual” salta como un resorte cuando estamos en un momento peligroso en el que debiéramos reconocer, enterarnos, aprender, decidir, y someternos voluntaria y esforzadamente a un cambio en nuestra actitud que resulta evidente, necesario, y que conduce a la solución de aquello que, un minuto antes, estábamos comentando horrorizados. Es genial: como somos millones, nos arrastra la cifra descomunal, y por lo tanto nos dejamos arrastrar por los acontecimientos que obligan, y finalmente seguimos sin cambiar de actitud, que es lo que ocultamente queríamos. Genial escapatoria. Nadie nos acusará, y a nadie acusaremos. De entre todas las chatarras y basuras mentales que aprendemos entre todos, ésta, ella solita, es una de las más eficientes en el objetivo de seguir siendo toda la vida irresponsables de absolutamente de todo cuanto sucede o tenga lugar en nuestras inmediaciones. Aquello que ocurra lejos, es, como las galaxias, materia para los astrónomos. Con esta chatarrilla, unos cuantos verbos sobran y podrían ser eliminados del diccionario de la lengua, o redefinirse su significado: denunciar, responder, defender, aclarar, comprometer...

    Pero otras categorías de chatarras mentales no se quedan cortas en sutileza, en uso comunitario estandarizado, e incluso en utilidad. Son útiles realmente, cubren y cumplen objetivos de todo tipo. Las mentiras transparentes, son una de las mejores trampas culturales que hemos logrado. Nada como ellas: sencillas, rápidas, efectivas, y aceptadas en cualquier situación: son aceptadas y reconocidas más que una tarjeta Visa o el propio dinero en metálico. ¿Qué haríamos sin ellas? Merecen un párrafo.

    Las mentiras transparentes no se ven: se sueltan, se escuchan y se aceptan. Así de fácil. ¡Es maravilloso! Retiramos algo de información en nuestras frases, nuestros interlocutores recogen solo lo dicho, voluntariamente añaden lo que intuyan o sospechen, pero nada es oficial salvo lo dicho. Y con los matices pertinentes. Qué mejor noticia que la que brinda informes rápidos y directos al asunto, nos llega por televisión, prensa y ADSL, y viene limpia, clara, diáfana, precisamente eso, transparente, sin manchas, como podrían serlo el añadir el 99% de información que también existe y ocurre, pero que no atañe directamente a nuestra cuenta corriente o nuestros intereses personales. Si es que lo somos, somos los mejores, no solo mentimos transparentemente, sino que además lo hacemos de modo que nos satisface, acabamos satisfechos del mundo que creamos, del que no somos nunca y para nada en ningún aspecto responsables. Se ven mejoradas cuando les añadimos la técnica de la sordera, añadiendo ruido a cuanto nos dicen cuando es necesario no oír, y está aceptado socialmente hacerlo. Nadie se acusará por ello (o casi, casi nadie).

    Transparente es el aire, y no se ve, y menos mal que está ahí sin verlo. Las mentirijillas y mentirijuelas transparentes son como una extensa familia que, cuando se reune, se deja oír, aunque no se vean, como el aire. Los niños son campo especialmente abonado para ello. La delicadeza, la maniobra, la suavidad con que les enseñamos a ser mentirosos, a vivir y asimilar con perfección esto, es merecedora de galardón. Los niños bien podrían ver que sus padres se quieren (y practican sexo) o no se quieren (pudiendo o no entenderse), pero nada de esto verán, ni lo uno, ni lo otro: poco nos importa el qué, pero por algún motivo que siempre habrá (“total, todo va a seguir igual”) no deben ver ni lo uno ni lo otro. Así aprenden a “no ver” lo evidente, a no oír lo que chirría, a sentirlo como malo y ocultable, a ocultarlo, y a ocultar más adelante lo que les venga por delante. Así se aprende a mentir. Y si la mentira es común, pues no es mala, es buena y con ella se demuestra “madurar”. Y cuando lo hacen siguiendo esa norma, son premiados: son discretos, han aprendido, saben comportarse, vamos: saben ya mentir y mentirse. ¿Podemos, podríamos intentar ser más estúpidos? En la vía pública, ni nos acordamos de cuántas veces practicamos la misma estrategia: nos encontramos, y si algo es ocultable por parte de alguien, apenas se percibirá cómo, pero las frases, expresiones, miradas desviadas, posturas estereotipadas y coletillas, cierran el círculo y entierran el conjunto de estúpidas mentirijillas. Esto es debido a la privacidad e intimidad frente a los demás. Nadie lo podrá evitar, pero es un reflejo muy claro de cómo estamos. ¿Y en la intimidad, porqué se repite de nuevo?

    Hay más, sí, hay más basura mental. Me sorprendió descubrir la enorme cantidad de conceptos volátiles que funcionan cono “lo último en medallas”. Somos capaces de elaborar y perfeccionar, hasta dotarlas de carácter de “sustancia destilada pura”, a algunas de nuestras invenciones hipócritas y absurdas: léase el vocablo “excelencia”. Este vocablo nombraba a quienes poseían sangre azul, después marcó a quienes representaban a los Estados Medievales o Ilustrados, y en la modernidad califica los expedientes académicos con relaciones sociales, los vinos más vendibles, las empresas con mayor autocontrol y menor espontaneidad en su funcionamiento, y las ofertas más caras. Como dispongas de algo excelente en tus manos, eres el Rey. No podemos comer unos calabacines, debemos acabar comiendo una Tempura de Glassé de Calabacín con Hojas de Bonetero Caramelizadas: o sea, comernos la “excelencia” culinaria, y así tenemos un estómago excelente tratado con excelencia. O acabar teniendo el cerebro excelente. ¿Podemos ser más ridículos y soberbios? Quizás mi ignorancia me impida encontrar el verdadero sentido al concepto: ¿necesitaré una educación excelente para entender la excelencia? ¿Qué educación será la que quede al otro lado de este Mundo: repugnante? Al tiempo que unos revisan los procedimientos industriales o comerciales por lo destructivos que resultan, otros elevan a rango de excelencia la misma vieja dinámica resumida en la máxima “complica las cosas, que venderás más”. Lo nuestro, nuestra locura colectiva, nuestra estupidez, nuestra vaguedad y falta de ejercicio mental, el exceso de grasa mental que chorrea sobrante por nuestras absurdeces, es visible desde la galaxia NM45, cerca de Ganímedes, mi patria. Los extraterrestres no se asoman a saludarnos, ni lo harán, por pánico, por puro pánico a la infección. Primera vez en mi vida que utilizo ciertas palabras tranquilo, por puro afán de expresarme lo más claramente posible.

    Deberíamos evitar el vicio de no mirar algunos cuantos miles de desprecios que hacemos a nuestras relaciones. En los contratos, se reflejan los contratantes, los motivos, los compromisos, las responsabilidades, la posible extinción, y puede incorporarse inteligentemente la acordada previsión ante posibles situaciones no deseadas pero posibles. Nuestras relaciones no comerciales difieren de ello. Algunas no tienen por base más que el lazo de sangre. Otras el cariño, el amor, la empatía, la amistad. O la tensión, la tirantez, la alerta, la competencia, la enemistad, el odio, o la envidia. Y el refranero español se ve plagado de muecas hacia ellas, siempre aconsejándonos qué no perder o qué ganar. Así que en la mente popular está más metido de lo que creíamos el balance, el balance comercial. Y creemos que, ¡claro está!, no existe otra cosa. Donde no existe otra cosa es en nosotros mismos. Solo balance y egoísmo. Ahora hablo así, y tranquilo, con total desparpajo, porque de cada cien personas que leyeran esto, sé que tres sabrían bien que existe esa mentira, llamada balance personal y egoísmo. Algunas dejaron hábito y siguieron su trabajo.

    Así ocurre, no nos queda tiempo, no tenemos tiempo, no podemos, no es el momento, ahora no, un día... ¿Todavía alguien no sabe lo que nos ocurre? Nuestras relaciones están empobrecidas, famélicas, heridas, debilitadas. ¿O no? ¿Confiamos? ¿Elegimos antes estar con otros que estar en nuestro ocio? ¿Disponemos en verdad de confianza con otros? ¿Con cuántos? Hagámonos un favor, el tema hace aguas, y con razón más que larga y demostrada. Nuestras relaciones humanas están tan diluidas, tan contaminadas, tan alteradas (eso sí, también les aplicamos a nuestro modo “conservantes” para que permanezcan mientras interesan) que no nos hacen felices.

    ¿Dónde mejor sembrar que a la luz del Sol? Aplicándolo a nuestra vida, ¿qué mejor que no disponer de nada que no se pueda mostrar al Sol?

06/01/2012

el 15M de Olegario

de Olegario Serrano (agricultor castellano) a Maria Dolores Sanfelices (abogada de la cooperativa)


Loli, maja:

    Te escribo esta cuenta con la confianza que te he cogido, de años que nos llevas los asuntos a todos, y sin un borrón en tu nombre, nunca. Y que no es pa nada malo, que no, que es que te quería contar lo que me se pasa por la cabeza estos días, que oigo tanto loco por ahí. Que seguro tú me entiendes, que ya te veo yo que eres muy normalica.

Yo es que pienso que soy un 15M, que dicen, pero me parece que un 15M del año 56. Que en el 56 no teníamos ná, aunque teníamos corazón, un poco arrancao de su sitio cuando hacíamos alguna, pero corazón.

Mira maja, oigo que si la gente se queja que el dinero no llega, que no hay, que no se mueve la chirla en el arroz, y ¡cómo se va a mover! si está mas mareao que mareao, de bolsillo en bolsillo, y atropa que atropa. Y yo que sólo quiero ahurrar cuatro duros pa la vejez, pues ya lo hago: Alicia, mi mujé (tú ya la conoces, que habéis coincidio, te la presentaron en el guateque del verano, era la chiquita, la que te cogió de las manos de un tirón y te metió pa dentro pal baile, la que manda en casa, vamos) no me deja irme del presupuesto con la herramienta ni p’atrás, y yo no le dejo que me traiga ni una cazadora de esas de cuero, que no me encuentro bien con ella, y mira: más felices que unos cuartos. En casa siempre tenemos puchero y no lo cambiamos por na; ¡anda, díles a los chiquillos cuando vienen que les quite el puchero, ya verás qué te dicen! Y dicen que ya no se puede salir, pero ¡qué tren pues, o qué, que a tal velocidad que va la gente no pueden hacer ni la digestión!

Y los pequeños (bueno, ya sabes que la mueta, la mayor, esa nos ha salido mucho lista, esa corre con los estudios como una liebre, que se las pela; el chiquito ya se verá, que todavía es muy ñajo) pues otra agua parecida es: al pequeño yo veo que me lo tienen aturrullao en la escuela. No entiendo eso de que tengan que hacer danza, y la informática esa, y karate, y fútbol, y civismo, y conciencia moral, y rescate. ¡Macá!, yo que te digo que viene a la noche que paice un zombie de esos de la tele, que no me entiende ni si le digo si quiere sopa pa cenar. Anda que no, y vamos oyes: pues mira que no son estos ni vándalos. Pero yo también te digo, que aquí primero son brutos, pero luego con los años se relajan, y son chavales de buen corazón, que te miran a la cara y no te esconden la mano, y si hacen un avío, pues lo arreglan.

Y te digo, que soy 15 M (y me río de pensarlo, si aún voy a ser mas revolucionario que el güelo) que yo veo que las chavalas de la ciudad les calientan los cascos a estos críos, y estos como locos por coger coche, y si es amarillo mejor, y bien potente, que no se diga. Y yo me acuerdo, que hasta hemos metido un rotovator en el mío, pa llevarlo de finca en finca, y con él hemos sacado algún toro del río que se ha quedado clavao en el barro. Y ahí lo tienes, tú ya sabes que va fino, y vinticinco años tiene, ¡más neumáticos que metros he arado yo! Y mira que es fácil mantenerlo en pie, hay que vigilarlo y no darle sustos, y con eso ya dura.

Y la niña, pues yo entiendo que esté preocupada por el futuro, que todos lo vemos.  Pero ¿sabes que me dijo el otro día? Loli, que tengo un pedazo pan de hija. Me dice la muy pilarica: ¡papa, que no te eches a temblar por mí, que yo voy a sacar esto, y si hay que hacerlo para irse a otros sitio, pues ya lo conseguiré! Y pienso Loli, y mira que esta hija nos la dió Dios porque sus padres no la pudieron tener, y nos cruzamos en su camino cuando era una pulga, y que qué más puedo yo querer, si da gusto verle que no oye en su habitación, ahí dale que te dale.

Loli, no te paice que esto es un buen 15M. Aquí, como solo queremos lo bueno, ya tenemos el 15M ese de los coj..  instalao en casa, y sin pedirlo. ¿No te paice?, ¿de verdad? Aquí, con pocas chorradas nos andamos, no hay tiempo pa eso, a la hija y al hijo les vas con tonterías, y primero me miran a mí, como diciéndome ¿y eso, y qué contesto, si no sé qué decir?

Mira, aquí... hombre, entre vecinos ya sabes, alguna vez discutimos, pero seguimos echando una mano cuando hay que ir, o te la echan a tí, y al final siempre nos arreglamos, porque aquí todo el mundo es así, trabajador con lo que haya para hacer.

Pero aquí es fácil entenderse, aquí no hacemos eso de ver mal a nadie: si tú ves algo que no está bien, algo que anda mal, lo dices, ya está: y tranquila que la vida pone todo en su sitio, y al tiempo el que se equivoca vuelve ya con la sonrisa, que ya sabe que vuelve de equivocado, y le echas una mirada y eso lo dice todo. Y te ríes, y como si nada. ¡Ya hemos aprendido así! Las cosas, mejor de frente, y si alguien va con el cesto lleno de trufas, pues le dices ¡ala, pues tráeme un saco, que te las cojo todas! Y cuando vuelve con bellotas, entonces le dices ¡qué, menudo atracón de trufas te vas a dar! Y unas risas y arreglao.

Loli, maja, te voy a aburrir con las tonterías de casa, pero esl o que tenemos. Mira el otro día, me viene el técnico del Gobierno: que si la pac, que si la rentabilidad, que si hay que estar al día. Y le invité a un trago en casa, y dos horas se me tiró el chaval, dale que te dale al queso y al chorizo, y cuando acabó, le digo: ¡ves chaval, majo! este almuerzo está fuera de la pac, pero ¿a que te ha sentao bien? Pues hala, tranquilo, que te agradezco toda las innovaciones que traes, pero si es que no tenemos problema 15M aquí, porque no nos hemos montao al carro del progreso, quitando las vacunas del ganao y de la gripe.
Así que hala, come tranquilo, y disfruta del día, que ha salido buen Sol hoy. ¡Estaba el chaval (bueno, chaval que ya llevaría por los 55) más apocao, no sabía cómo agradecerme, ya me dijo que vendría con su mujer un día, que nos traería un vino de la capi. (Mira que igual han hecho el vino con la cosecha de la cooperativa, y la mitad no tiene ni registro ni ná).

En fines, Loli, maja, ya ves, que te he liao con el 15M, y que no te he preguntao por el mozo, ni por la niña. Ya sabes que te vienes con los dos, y esta es tu casa, y tu familia, y que ponga paz la Pilarica. Este no es un chalete de los que ponen ahora, too lujo, pero ya sabes que pa tí, lo que haiga es tuyo. Vamos, un palacio si pudiera, que tu eres mucho honrá.

Hala maja, un abrazo, y a la vuelta.

Tuyo, el Olegario y la Alicia

Corrales de la Torroja. Zaragoza.

03/12/2011

sugerencia

Sin palabras, visual, completo y bello. ¿Qué más hace falta para mostrar algo?



12/10/2011

Los habitantes del otoño

En un bosque de hayedo y robledal, se deslizaban hoy silenciosas algunas orugas. Es vistosa ella, así que no cualquiera se atreverá a metérsela al buche. Su metamorfosis da lugar a una polilla muy pelosa, pero claro, no hay forma de verla ahora. Estas "caterpillar" sí que saben moverse por el monte.


Calliteara pudibunda.

09/10/2011

recomendable por sensato, y documentado

     Unos cuantos posts más atrás, me paré a relatar un mínimo apunte sobre un profesional de la neurología: Francisco Rubiá.  Este hombre, y esto es una opinión personal tras leerle lentamente y "filtrando", creo que tiene alguna de las cualidades menos frecuentes en la Ciencia o entre aquellas personas que deben explicar o enseñar públicamente conocimientos, bien sea a la hora de escribir o respondiendo a un interlocutor: sencillez aplastante, total falta de oscurantismo, muchas horas de trabajo, nada de dogmatismo, y una sinceridad que facilita aprender.

     Este vídeo pertenece a una presentación pública, y en ella no da un discurso eminente, ni de gran altura, ni sienta cátedra sobre nada: no hace falta, tras esas palabras que le invitan a pronunciar para abrir unas jornadas, está una persona de peso y referencia que, mira por donde, toca casi inadvertidamente varios temas cotidianos e importantes del día a día: y refiere una cita de un inglés: "la experiencia no es lo que le sucede al hombre, sino lo que ese hombre hace con lo que le sucede".

30/09/2011

no sabría ponerle título al post

Todos los días, salgo a revolotear un rato importante por los parques de la ciudad, disfrutando del paseo que se da mi compañera rubia de cuatro patas. Es un motivo para hablar con quienes tienen sus lugares de parada y posta por el camino, personas que encontramos y a las que acabamos conociendo, un cachín, el que te dan de sí mismos. Pero además, y no me explico del todo bien el porqué, todos los días, sin que falte uno, me encuentro en algún sitio, con alguien, de edad madura (dejémoslo ahí, sin especificar más). Y todos los días, me veo incumpliendo un pelín el horario que me he impuesto, ¡porque el que me pilla habla tanto, con tantas ganas, y es tan interesante lo que tiene que decir, que me retraso media hora!

Estoy sorprendido. En parte. Siempre son personas maduras. Cada uno habla de un tema: o de la sociedad, o de los restos romanos en un pueblo, o de esta crisis, o de lo tonto que se siente por no haber vivido un poco más... cada uno expone su particular mundo, o su camino diario. 

Y a colación de ello, me ha venido a la cabeza un pensamiento, y es que gran parte de estas personas mencionan en algún momento alguno de sus referentes en su vida, y los hay de todos los colores e índoles: a quien leyeron, a quien escucharon, a quien creyeron, con quien trabajaron, siempre aparecen referentes. 

Pero, o no estoy al día, o no encuentro a quién conocen o escuchan, los que hoy son los más jóvenes, los que vienen ya (vamos, los 18+).  ¿Estaré fuera de onda? ¿O estaré atontado, y no me entero de nada en absoluto?

24/09/2011

la collalba

Cada vez que se está en el campo, nos podemos encontrar cualquier cosa no prevista, por mucho que vayamos sabiendo de antemano que es lo que tenemos.

Hoy escapé a un lugar que es punto de paso para aves: Lindux. Sabía que habría pocas posibilidades de ver paso de aves, y menos gente, porque era día de niebla y humedad. El paseo ha dado de todo, pero entre todo, algo ha sido espacialmente bonito: nunca había visto una de estas señoritas, pero las referencias de ella lo han dejado claro: cuando me acercaba pacífico, se levantaba (más bien se erguía sobre sus patas casi como una comadrejita, fuerte y grande, y corría más que una lavandera, como loca. Estaba sola, en el alto del monte, en pleno pasto llano. He logrado al final saber quién era: una collalba isabel, y he comprendido porqué no la reconocía: no es habitual en España, y sus apariciones esporádicas no está claro si seguirán siéndolo o se convertirá en una habitual. Debo darle las gracias. Un placer.

 

El resto del día ha sido pasear entre nieblas, brezos, tojo, musgo, líquenes, chirpiales de hayedo, y caminos desiertos. 
Para el que guste de verlos, dejo el enlace.

24/07/2011

Sou

Muchos serán los que, de alguno u otro modo, pasen estos días alguna noche, hacia la medianoche, frente a la mar, o en el silencio del anochecer sin más.

¿Una pequeña brizna de sonido de cristal? Ahí va. ¡Glub! ¡Qué bonito!

23/06/2011

Un par de bofetadas

      Con lo bonito que es el tránsito entre primavera y verano, podría haber puesto una foto, pero no me veo en esa dirección hoy.

     De entre las muchas alegres estupideces que podemos oír, y que adquieren el carácter de "estupidez" por el hecho en sí mismo de emitirlas públicamente con carácter de suma cátedra, con el frac de los mass-media donde se habla al público para informar, una concretamente se me coló hasta lo más profundo del tímpano, golpeando hasta el punto de provocarme un cierto cabreo. Hete aquí: "Necesitamos una reflexión profunda sobre nuestra sociedad". Ahí es nada. Acabamos de empezar a vislumbrar intuitivamente que, quizás, tal vez, si no resulta muy doloroso, si hay tiempo, sería necesaria una reflexión.

     Lo que necesitamos, (recordemos el presente de indicativo: yo necesito, tú necesitas, él(la) necesita, nosotros necesitamos, vosotros necesitáis, ellos(as) necesitan) es "un par de bofetadas" (los adultos, en ningún caso los niños de los adultos). Al menos una mínima parte de la juventud tiene la cabeza bien puesta encima de sus hombros, y la mayor parte son mujeres.

    La proporción más importante del mundo tiene como preocupación prioritaria sobrevivir a la noche que llega hoy mismo, o alcanzar algo más de 30 kgs de peso, o no caer al volver del trabajo en manos de un hombre, ¿y nosotros tenemos que empezar a reflexionar? Me importa poco que ocurra lejos: ocurrió ayer, ocurre hoy... y todavía ocurrirá mañana. Disponemos realmente de 10, compramos 100, deseamos 1000, y desperdiciamos como 10000, ¿y nos vendría bien empezar a reflexionar? Creamos normas necesarias, nos escondemos tras ellas para no tener que decidir directamente, nos aplastan y entierran en su ejercicio diario, ¿y debiéramos reflexionar? Damos por gratuito y por maná todo aquello que se nos ocurre como un derecho: una escuela con tres idiomas, pistas deportivas diferentes, actividades lúdicas, actividades no lúdicas; parques gratuitos para tenerlos ahí, sin verlos; transporte de primer orden, baratitos, oiga, baratitos; ¿hay que pensar? Tenemos por incautos, infelices,  cándidos, a quienes buscan actuar sencillamente cumpliendo con sus obligaciones; consideramos genios a quienes pasan de largo por el esfuerzo y llegan a la cueva de Ali Babá: ¿es cuestión de reflexión? Tenemos en nuestras raíces dogmas, creencias, atavismos, creemos que todos los demás son unos estúpidos creyentes de otros dogmas y creencias anormales, raras, belicosas, incomprensibles, inadmisibles, poco dignas como las nuestras, ¿y sería buen camino reflexionar? Dilapidamos el tiempo frente a televisores planos de 40 pulgadas (¡oh cielos!, no los han hecho todavía de 300 pulgadas) persiguiendo con la vista a Shakira, viendo como se baña uno en las Seychelles, adorando a la Sra. Pantoja, ¿y sería recomendable reflexionar? Tenemos una industria del azar y el premio portentosamente saneada, deseada, que desafía a cualquier pobreza. ¿Habrá que reflexionar? Estamos dispuestos a asumir una cierta complicidad con quien nos regale o ceda una cómoda situación laboral, venga de donde venga, como venga, por la lealtad que se precie, borrando la independencia, ¿y hay que empezar a pensar sobre ello? Compramos cualquiera lo que se quiera: vehículos nuevos hasta no poder circular, casas unifamiliares hasta formar colmenas y riachuelos de viviendas, electrodomésticos hasta estrechar las casas, viajes para tener las fotos más únicas del mundo de las fotografía de aventura, vestimos siempre a la moda de día o de noche, nuestros retoños ya hacen cuatro o cinco másteres al salir del colegio infantil (solo faltarían las clases de política), comemos lo más moderno, ¿y sería recomendable reflexionar? Desconocemos el mundo en que vivimos, salvedad hecha de los viajes y hoteles low cost; ¿tenemos que empezar a pensar?


      Precisamente eso es lo que no necesitamos: reflexionar. Y por eso no lo hacemos. Porque todavía hay cuerda para vivir sin pensar, sin conocer el coste de nuestra vida, las diferencias, sin referencias a otros. Por el momento, claro.

     Una cultura cuya actividad mental está plenamente dedicada al disfrute de la cerveza, del espectáculo, de la tumbona, de ir a pegar tiros, de mover 180 C.V. por las calles, de renovar armarios antes de que pierdan su tiempo, no necesita reflexionar, ni tiene espacio o resquicio entre neurona y neurona para ello: necesita una tormenta magnífica de lejía concentrada, que comience por el Noroeste peninsular, alcance el sudeste barriendo todo el territorio (todos los territorios históricos incluidos), disolviendo los diferentes autismos culturales, y deje a los mojados al mismo nivel de necesidad que los 4.000 millones (ahí es nada) que saben lo que es que de verdad que, el precio de sus cosas sea injusto.

      El café con sal es usado tras las borracheras. En otras circunstancias, nada como el polvo del camino para re-conocer el sabor de la Tierra, para volver a entender que la vida se defiende una vez que se viene aquí, no se reclama como un derecho cuasi-gratuito. No creo que ninguna divinidad de las múltiples, posibles, variadas y existentes por toda la geografía mundial, si hiciera acto de presencia entre nosotros, se atreviera ni por asomo a negarlo.

(El coleguita de la foto, se ocupa diariamente de sacar material para nuestros
ordenadores: por 0,25 € diarios, mientras vuelva a superficie, eso sí).



La música tiene como objeto relajar el ambiente incendiario del post. Es bonita.