¿Porqué esto? Los años pasan, y a lo largo de ellos, ocurre toda la suerte de encuentros con personas que marcan claro y rotundo su insulto al vivir dormido. Unos dicen “aprende y crece”; otros dicen “siente hasta que duela”; otros dicen “acepta que la vida es problemática, y la vivirás”. Y tuve que decir “por supuesto, así es”. Ahora, sé bien que uno aprende muy poco, que no se siente todo cuanto existe, y que no lo podemos todo. Pero la terquedad es una forma de alargar y estirar hacia el futuro un deseo, o una actitud, o un viaje hacia un propósito: así se aprende un poco más, se siente un poco más, y salvas algunos problemas más.
“Oigo” a mi alrededor, el sonido apagado y enfadado de una sociedad en la cual hubo y hay sueños irreales, algodón, derroche y ceguera hacia lo más elemental. Y sordera. Y falta de tacto. ¿No?, tiene tacto selectivo, solo existe ella misma. Necesitaba decirlo, más aún cuando escasea el decirlo. Ni los golpes impiden que desaparezca la ceguera: sigue siendo cómodo “no ver, no rectificar”.
Más lejos, otras sociedades no tuvieron ni tienen este problema: problemas reales ocupan todo el tiempo, problemas sin algodón, que se pueden ver llegar en cuestión de minutos, y no de horas. El vaso medio lleno y medio vacío es propio de nuestra percepción. Francamente contento me alejo incluso dirigiéndome hacia más problemas (que es así) de una arbitrada perfección feliz, que impera en el comportamiento: se aprende, se copia del vecino, se asimila, se incorpora como cultura común, y.. ya está, ya no son necesarias nunca más opiniones de nadie externo. Esto es toda una comunidad. La comunidad perfecta. Vamos, que abandono el valle de los dioses. ¡Adiós Walkiria, adiós! (Clarín podía decir en cambio ¡adiós cordera, adiós!).
Tenía terroríficas ganas de acercarme hacia donde hay iguales necesidades y problemas o mayores, pero más amabilidad, más humildad, más sencillez, más de eso que en conjunto es humanidad.
Voy a divagar un poco. Me apetece. Enormemente.
La inteligencia puede ser útil para ganar dinero, o para reflexionar sobre lo que se vive: he soportado ver a demasiada gente perfecta “sacar balones fuera” y dar asuntos por irresolubles; demasiados perfectos que recomiendan que olvides; demasiada institución perfecta que enseña a estar calmado y tranquilo, a disfrutar de no moverse en ninguna dirección. Valiente hermandad, valiente consigna utilizan: del Rey solo duda la Reina, y vosotros vasallos, seguid arando sus tierras.
Trabajo no falta, pero no del que otorga tiempo para derrocharlo. Existe trabajo muy bien recompensado, el trabajo real y directo, encaminado a necesidades reales, concretas, palpables, y clarísimo está, realizables. Es necesario prepararse mucho. Me tiene confundida la enseñanza: si no transmitimos con claridad, ¿que hemos aprendido? me confunde la industria y la empresa: ¿tantas cosas necesitamos para vivir? ¿Tántas? Complicado “estómago” el nuestro. Me fascina nuestra prensa, nuestra televisión: ¿tan repetitivas son las memeces? ¿Siempre el mismo balón, la misma moda? Ante semejante huracán de bobadas, ¿quién se fijaría en lo que yace a nuestro alrededor sin llamar la atención? Por esto, y por más de un millar de razones más, acumuladas en silencio, vienen etapas nuevas. Vienen trabajos a corto plazo, y otros que requieren más paciencia, más terquedad. La vida diaria, nuestra vida diaria, nuestra forma de vivir, nuestra forma de ver, nuestra forma de oír, sangra por todos lo lados. No me haré el tonto, y reconoceré que sé muy bien qué pensamiento pueden provocar estas palabras: pero ya estoy curtidito en ello y, hoy por hoy, las suelto con desparpajo, sabiendo el precio que tiene el decirlas consecuentemente. Necesitan reflejarse en la acción. Es cómodo hacerlo.
Paréceme que es idea general y tópico común, que siempre habrá alguien “más arriba”, por encima, que hará lo que hay que hacer, que solucionará, que mandará, que dirá. Valiente estupidez paréceme también a estas alturas esta idea, y paréceme similar a una quiniela ganadora, con pleno y resultado cantado: más de las mismas locuras, estupideces y errores de alto precio, más de autoengaño, más de cómoda y complaciente ignorancia. Es por otro lado una demostración de la poca estima y seguridad que se posee o conserva, y que parece necesaria para que se conduzca en alguna dirección cualquier sociedad.

Algún truco, alguna carta guardada, algo debía tener para hablar así. Y es que, por más que pareciera lo contrario, ya hay gente en el mismo camino, en la misma proa, y los viajes, incluso en solitario, son más agradables sabiendo que otros ya han leído la misma “carta de navegación”. Desconozco si cerraré estas páginas para cambiarlas por otras, que posean otro tono o timbre, o las continuaré con otro color. Ya se verá.
De momento, buenas noches a todos, por unos días.
Aún siendo un ateo, comprendo como sienten la Navidad mis vecinos, lo he visto. Así que solo para ellos por adelantado, un beso público.




